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Domingo 30 de Enero de 2011. 4º durante el año litúrgico (ciclo “A”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Mt.5, 1-12)

Al ver a la gente a su alrededor Jesús sube a la montaña y enseña: Felices los que tienen espíritu de pobres porque tienen a Dios por rey,

Los que sufren porque van a recibir consuelo. Los humildes y oprimidos porque van a poseer  la tierra. Los que tienen hambre y sed de justicia porque van a ser satisfechos. Los que ayudan porque van a ser ayudados. Los de corazón limpio porque van a ver a Dios. Los que trabajan por la paz porque Dios los va a llamar sus hijos. Los que viven perseguidos por su fidelidad porque tienen a Dios por rey.

Dichosos ustedes cuando los persigan, calumnien o insulten de cualquier modo por mi causa. Pónganse alegres porque les espera una gran recompensa. Lo mismo persiguieron a los profetas que los han precedido.

Síntesis de la homilía

Quizás porque su contrasentido con la realidad es tan fuerte, este discurso de Jesús, que se supone inaugural del reinado de Dios, ha sido interpretado de tan diversos modos. Fundamentalmente, creo, caben tres interpretaciones : Una, afirmando que se trata de la presentación de la utopía cristiana. Una meta a la que ha de llegar la humanidad con la expansión de los valores del reino de Dios predicado por Jesús. La segunda, sosteniendo que se trata de un programa que es necesario cumplir para que el reinado de Dios sea una realidad.

La tercera, que se trata de un discurso de resignación y consuelo para todos los desheredados de esta tierra, fundado en la afirmación de que habrá otra realidad superadora en un futuro lejano.

Entiendo que es más conforme a la razón y al sentido común la primera interpretación. Jesús mira al futuro como presente porque tiene el  profundo convencimiento de que los valores que proclama, de igualización, de justicia, de paz, de felicidad, van a establecerse finalmente en la sociedad humana, sacudida constantemente por ultrajes a esos valores que no pueden responder a la voluntad de Dios. Si éste es el sentido de su optimismo, convertido en esperanza para sus oyentes y tanta gente que ha conocido su mensaje, la utopía que presenta sería un modo de no cesar en la lucha por una realidad mejor a pesar de todas las dificultades y contradicciones.

En este punto la primera interpretación se acerca a la segunda en que Jesús, consciente del sufrimiento y postración de la mayoría de su auditorio, mirando a sus discípulos les señala un programa de vida,  un estilo de relaciones humanas conforme a la voluntad de Dios.  Desde una generosidad que signifique muchas veces desprendimiento (con espíritu de pobres) tienen que jugarse por remediar las situaciones de pobreza y sufrimiento desde un corazón, es decir un sentido de vida, comprometido con la justicia y la paz. La advertencia de la dificultad que implica el cumplimiento de este programa aparece en la predicción de dificultades de todo orden que deberán vencer, la persecución, el insulto, la calumnia, la exclusión.

Así indirectamente Jesús, con su propia experiencia, presenta objetivamente a los convocados para seguirle, la necesidad de disponerse valientemente a afrontar esas dificultades.Nos llama la atención ese final, que en el fondo es una especie de criterio para juzgar a la comunidad de sus seguidores. Porque se trata de una vocación que no puede ejercerse desde el poder sino desde el servicio.

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