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Domingo 3 de Abril de 2011 – 4to.de Cuaresma (ciclo “A”). Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Jn. 9, 6-38)

Pasan junto a un ciego y los discípulos preguntan: ¿Quié pecó, éste o sus padres para que naciera ciego? Ni él ni sus padres, pero en él se manifestará la gloria de Dios. Mientras es de día hay que trabajar realizando la misión confiada porque cuando llega la noche ya no se puede trabajar. Mientras estoy en el mundo soy la luz. Hizo entonces barro con su saliva y untó los ojos del ciego diciéndole: Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa enviado) Obedeció y volvió con vista. Los dirigentes judío no creyeron que hubiera sido ciego y llamaron a sus padres como testigos.

Entonces le preguntaban ¿qué te hizo? ¿cómo te abrió los ojos? Y él respondía Ya se los dije y uds. no me creen ¿o es que quieren hacerse sus discípulos? Ellos lo llenaron de insultos y le dijeron :éste no sabemos ni de donde procede. El hombre les contesto: si no viniera de parte de Dios no podría hacer nada.

Estás lleno de pecado le dijeron y ¿quieres enseñarnos a nosotros? Y lo echaron.

Jesús dijo después: he venido a realizar un proceso contra este orden establecido. Los que no ven verán y quedarán ciegos los que ven. Al enterarse los fariseos le fueron a preguntar ¿es que nosotros somos ciegos? Jesús respondió: Si fuesen ciegos no tendrían pecado pero como dicen que ven su pecado es mayor.

Síntesis de la homilía

Éste es uno de los siete signos (llamamos milagros) que enumera el evangelio de Juan. Y tiene un gran contenido simbólico con muchas enseñanzas de sentido común. Marca, en lo más profundo, el sentido de la disputa y el desacuerdo con los funcionarios del templo que mantenían un orden mezcla de imperio y religión, que llamaban la Ley. Los que viendo no querían ver y rechazaban a los que al revés de ellos llevaba la carga de la ceguera corporal pero tenían abiertos los ojos del corazón. La primera muestra de sentido común que contraría sin embargo la mentalidad religiosa judía, es que la ceguera de aquel hombre no es un castigo. Es simplemente consecuencia de una limitación de la naturaleza en que se puede manifestar la obra de Dios. Parece mentira que hoy, entre los católicos bien católicos se siga sosteniendo que los males que padecemos son castigos de Dios y no consecuencia de nuestras conductas equivocadas o de limitaciones brotadas de la naturaleza, tantas veces y de tantos modos agredida por nosotros. Esa apreciación al parecer ingenua ofende al Dios padre revelado por Jesús presentándolo como perseguidor obstinado de nuestro proceder para castigarnos. Y además causa una especie de alineación de nuestras responsabilidades con que podemos rmediar muchos, si no todos, los males de que estamos rodeados. La segunda afirmación afirma también algo obvio: el día es lo mejor para trabajar. La noche trae muchas dificultades. Y él se presenta como luz del mundo, es decir alguien que quiere iluminar con bondad y comprensión la vida de los hombres para que puedan cumplir cada uno con su propia misión. El testimonio de los padres que, por temor a los castigos de la Sinagoga no se comprometen más allá de lo que ellos están seguros es también una muestra de sentido común, repetida por su hijo que avanza un poco con la ironía de preguntar si tantas interrogaciones son para hacerse discípulos. La larga discusión y la pertinacia de los fariseos contrastan con la argumentación simple y de sentido común del hombre curado y de Jesús. Creo que vale la pena resaltarlo. Porque en muchas cuestiones y de manera especial las relativas a la fe, estamos acostumbrados a prescindir del sentido común. Y aunque esa especie de intuición desde lo más íntimo de nuestra naturaleza y la realidad, pueda ser perfeccionada casi infinitamente por el razonamiento especulativo, nunca puede ser contradicha o desechada absolutamente, porque se nos quita lo fundamental de nuestra libertad.

Finalmente, Jesús aclara que viene a instaurar un orden nuevo. A veces entre nosotros pareciera que la iglesia hace lo contrario: restaurar un orden viejo.

 

 

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