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Viernes 22 de Abril de 2011 – Celebración de la pasión y muerte de Jesús (ciclo “A”). Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Jn.18,1-19 y 42)

Descripción del apresamiento de Jesús, la interrogación del Sumo sacerdote y la bofetada del guardia, la negación de Pedro, el traslado al tribunal de Pilato, su conversación con él, el reconocimiento de su inocencia y la entrega para la crucifixión en el Gólgota, con la inscripción “rey de los judíos” el reclamo de éstos, las palabras de Jesús a Juan entregándole la custodia de su madre, las últimas palabras del moribundo y su posterior entierro en el sepulcro de un discípulo oculto y los guardias apostados a su lado.

Síntesis de la homilía

Hoy celebramos, no sólo conmemoramos el acontecimiento de la ejecución de Jesús Nazaret por una complicidad del poder imperial con el sacerdotal. La conmemoración que ha sido el centro de la insistencia en la importancia de la fecha, se ha vestido de dolor, de signos de luto y de tristeza, con una cantidad de prohibiciones, hasta de reírse en Viernes Santo- Todo esto ha quedado en el recuerdo, menospreciado por una cantidad de cristianos y no creyentes cercanos a la iglesia, con una especie de actitud prescindente de tantas exageraciones y detalles de crueldad inventados para resaltar el valor del sufrimiento y la sumisión.

Decimos que es celebración. Que conmemora la maldad de los hombres que entristece, pero celebra la generosidad de Jesús que, valientemente afronta el sufrimiento y la muerte, por la causa nobilísima de la liberación de la humanidad y la esperanza del nacimiento de un hombre y una humanidad nuevas. La deducción casi inmediata de estos ritos y gestos de dolor del Viernes Santo es y ha sido que a Dios le agrada el sufrimiento. Y que el sufrimiento de por sí es liberador. Lo cual contradice toda la actitud de Jesús que, en su camino no dejó de remediar o aliviar cualquier clase de sufrimiento. Caminaron los paralíticos, recuperaron la vista los ciegos, fueron curados los enfermos y perdonados los pecadores, alimentados los hambrientos, reintegrados los excluidos, dignificados los pobres, resucitados los muertos. Si el sufrimiento es el liberador ¿por qué no los dejó como estaban? Así se acumulaba, junto con su sufrimiento redentor, el de todos esos peregrinos del dolor. NO! Una y mil veces. Las palabras de Pablo que parecen exaltar el sufrimiento, no pueden interpretarse en ese sentido. “obedeció hasta la muerte y muerte de cruz, por eso Dios lo exaltó…” La obediencia no es simple y esclavizante actitud de un sometido. Es cumplimiento de la voluntad salvadora del Padre que le encomendó la misión de mostrar al mundo y a la historia que los valores humanos de relación y amor tienen que ser defendidos con todo arrojo, para no caer en el sufrimiento e ir transformando un mundo de injusticias y desigualdades en uno más conforme al amor del Padre. Si pudiéramos hablar de que Dios sufre, eso lo tendríamos que afirmar sólo cuando el hombre, los hombres sufren. Y en ese sentido Jesús carga con el mal de la humanidad y se empeña en una lucha sin cuartel que provoca e indigna a los malos que decretan su muerte. Jesús ha mostrado que sin prisa pero sin pausa el camino de la humanidad se tiene que ir haciendo con actitudes como la suya. La que nos sirve de garantía de que así se marcha hacia la resurrección querida por Dios.

 

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