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Homilias Dominicales – Domingo 1ro. de Abril de 2012 – Festividad de la entrada de Jesús en Jerusalén (ciclo “B”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Mc.11,1-10)

Próximos a Jerusalén cerca del monte de los olivos y de Betfagé y Betania Jesús manda a dos de sus discípulos al pueblo que está al frente y que cuando encuentren al entrar, un asno atado que nadie ha montado todavía, lo desaten y lo traigan.

Y si alguien les pregunta ¿qué están haciendo? Respondan que el Señor lo necesita y lo va a devolver enseguida. Ellos hicieron así y llevando el asno, pusieron sus mantos sobre él y Jesús se montó. La gente que los rodeaba extendía los suyos sobre el camino o lo cubrían con ramas que cortaban del campo. Los que iban adelante gritaban: Hosanna! Bendito el que viene en nombre del Señor. Bendito el reino que ya viene, el de nuestro padre David! Hosanna en las alturas!

 

Síntesis de la homilía

Es muy importante para Jesús esta entrada en Jerusalén. El momento elegido es el de mayor concentración de gente de todas partes y también el de mayor vigilancia del poder romano. Él es ahora quien se ocupa de los mínimos detalles con sonido mesiánico. La elección del burro como cabalgadura, es anunciada por Zacarías como característica de la llegada del rey justo y victorioso. Los pasajes que anunciaban la llegada del mesías eran en esos días, conmemorados por todos, a propósito del yugo insoportable de la dominación romana y la reciente predicación de Juan el bautista. Por eso los discípulos cumplen al pie de de la letra y no se extrañan de la disponibilidad del dueño del burro. Jesús parece ahora haberse complicado con las expectativas mesiánicas de los discípulos, expresadas por Pedro. Y ellos se alegran de este cambio y colaboran afiebradamente.Disfrazan la vulgaridad del burro con sus mantos y la gente los imita extendiendo los suyos como alfombras en el camino. El despojarse del manto es un signo de reverencia y respeto.

La escenografía se completa con las ramas de los  árboles agitadas como señal de victoria. Y no tarda en aparecer el grito mesiánico: Ya viene el reino de nuestro padre David!

¿Qué pasa que Jesús no los hace callar? ¿ha cambiado de idea? ¿es que él ya se ha convencido de que debe un ser un  caudillo que conduzca a la gente a la rebelión contra Roma? No. Es que Jesús aprovecha ahora el entusiasmo popular para  darle importancia a su misión. Una importancia que trascienda los límites de Palestina e Israel y tenga resonancia en el mundo. Y por eso deja que los discípulos pongan todo su esfuerzo en convertir esta entrada desafiante, en una entrada triunfal. Su valentía en proclamar el reino de Dios (no el de David) defendiéndolo contra el dominio opresor de imperio y la ley, y su ejecución a manos de las autoridades que no pueden soportar su rebeldía, ya no será un  hecho mínimo perdido en la historia, un ajusticiado más de los miles de los condenados arbitrariamente por el poder romano. Su noticia se desparramará por el mundo.

Muchas veces  nos encontramos en la vida con situaciones parecidas. La necesidad de adaptarnos a un régimen o un sistema que resulta objetivamente imposible de cambiar absolutamente, manteniendo sin embargo la convicción de que permanecer en él, sin complicidad activa ni interior, es la única manera de ir venciendo parcialmente y preparando un mañana mejor.

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