Homilias DominicalesJosé Guillermo Mariani

Domingo 23 de Enero de 2011. 3ro del año litúrgico ( ciclo “A”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Mt.4,12-23)

Enterado de que Juan había caído preso Jesús se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún a orillas del Lago. Así se cumplió lo dicho por Isaías · “país de Zabulón y Neftalí, Galilea de los paganos, el pueblo que habitaba en las tinieblas vio una gran luz en medio de las sombras de muerte.

Desde entonces Jesús empezó a proclamar la conversión para la llegada del reinado de Dios. Paseando junto al Lago vio a dos hermanos Simón, al que llaman Pedro y Andrés, que estaban limpiando las redes. Les dijo que se fueran con él porque los haría pescadores de hombres. Ellos dejaron las redes y lo siguieron. Más adelante vio a otros dos hermanos Santiago y Juan que estaban con su padre Zebedeo repasando las redes. Los llamó y ellos inmediatamente dejando las redes y su padre, lo siguieron Jesús recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas proclamando la buena noticia y sanando dolencias y enfermedades de la gente. Se hablaba de él en toda Siria y le traían enfermos de toda clase y él los curaba.

Síntesis de la homilía

La captura de Juan pone en alerta a Jesús. Aprovecha para retirarse a Galilea y establecerse en Cafarnaún, lo más próximo a las regiones paganas. Allí es donde comienza su predicación, en contra de todo lo que los judíos podían esperar del enviado de Dios. Mateo recurre nuevamente a Isaías en su afán de hacer coincidir los pasos de Jesús con las descripciones del gran profeta, para convencer a los judíos, que integraban sus comunidades en un 50 por ciento aproximado. Isaías considera la región de Zabulón y Neptalí como absolutamente extranjeras.

Es curiosa esta opción de Jesús. Si Mateo hace esta descripción para mostrar la universalidad del  mensaje cristiano y evitar los conflictos en su comunidad, resulta seguramente una buena táctica. Pero podemos ir más adelante. Los más religiosos son los que no aceptan a Jesús fácilmente. Tienen su propios esquemas acerca de Dios, su voluntad y su servicio.

Son, por lo general, los alejados de contactos religiosos los que aceptan con mayor facilidad las características de la palabra y la acción de Jesús de Nazaret. Porque se trata de actitudes profundamente humanas en las cuales es posible coincidir con mucho mayor simplicidad. Fue muy significativo que el gran esfuerzo de la Iglesia conducida por Juan XXIII al proponerse la renovación escuchando y dando importancia al mundo en un diálogo respetuoso y valiente, fuera recibido con mucha esperanza por gente sin principios religiosos y sobre todo alejada absolutamente de la propuesta cristiana. En cambio, esa proyección humana de Jesús hirió y ofendió a los religiosos convencidos de que Dios estaba solamente con ellos. Y sigue siendo la constante actitud de los que aferrados a las tradiciones caen en una especia de fanatismo que les hace rechazar absolutamente todo cambio y adaptación.

Allí, entre la gente desplazada por la religión, los galileos, y desplazada también por el imperio, los pobres pescadores, Jesús elige a los primeros discípulos a quienes invita a seguirlo. Dos parejas de hermanos, como manteniendo entre ellos las relaciones familiares que complementan eficazmente las fuerzas para afrontar las dificultades.

Mateo habla de la aceptación inmediata. Desde luego que no para señalar que en su trabajo de pescadores para sostenerse y sostener a sus familias no estaban cumpliendo con la voluntad de Dios, sino para proponerles otro trabajo en la misma línea, pescadores de hombres. Y aquí no se trata de tirar las redes o el anzuelo sino de ofrecer la felicidad plenificante de la buena  noticia del reino nuevo instaurado por Dios en Jesús de Nazaret. Porque la buena nueva, no es una imposición sino una oferta. No es un acto de soberbia sino de amor. Y quienes evangelizando no lo han entendido o no lo entienden así están muy lejos de la postura de Jesús de Nazaret.

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