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Domingo 27 de Febrero de 2011 – 8vo. Durante el año litúrgico (ciclo “A”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Mt.6,24-34)

No puede un servidor tener dos patrones porque cuando prefiera al primero despreciará al segundo, y al revés. Así que no pueden servir a Dios y al dinero. Por eso les digo que no se preocupen tanto por lo que vayan a comer o la ropa que se van a poner, porque la vida es más que el alimento y el cuerpo más que la ropa. Miren cómo las aves del cielo ni siembran, no cosechan, ni guardan en graneros y el Padre celestial las alimenta. ¿No valen uds. más que ellas?

¿Quién de ustedes por más que se preocupe puede alargar su vida? Uds, se preocupan por la ropa, pero miren los lirios del campo que ni trabajan ni tejen y están vestidos con más lujo que Salomón. Y Dios que hace esto ¿no hará lo mismo con uds. hombres de poca fe?

¿Por qué tantas preocupaciones por lo que van a comer o beber o vestirse? El Padre de ustedes sabe que necesitan eso, así que busquen primero el reino y su justicia y las demás cosas vendrán por añadidura. No se preocupen por el mañana. Basta con las penas de cada día.

Síntesis de la homilía

Hay frases de este pasaje de Mateo que tienen hoy un valor definitivo. Otras, obedecen a cuestiones y circunstancias particulares que vive la comunidad del evangelista.

Empecemos por el principio. Los dos señores. Nosotros estamos viviendo exactamente esa situación. El capitalismo liberal con sus estrictas reglas de conducta y su característica segregacionista, ha convertido en principio de vida, que abarca desde lo más rutinario hasta lo más sofisticado, el dinero. Todo se rige por él. Ya no nos asombra que la justicia humana, medio indispensable para el equilibrio social, también sea sorprendida en manejos subordinados al dinero y las influencias políticas. Muchas veces, ante casos especiales como el juicio de los genocidas de la pasada tiranía después de más de treinta años de impunidad,  rebrota la esperanza. Una esperanza que casi inmediatamente queda defraudada por lentitudes inexplicables, por desaparición de documentos y testigos, por obstáculos inacabables e insuperables colocados en el camino por los potentados que logran ocultar sus delitos con dinero a montones. Desde luego que este servir al dinero conduce a las mayores injusticias y se opone diametralmente al proyecto del reino de los cielos.

En un ambiente así no es posible despreocuparse ni siquiera disminuir el stress y la angustia del comer, beber, vestirse y alojarse. Esto es absolutamente distinto del ambiente de distribución de bienes que se vivió  en las comunidades iniciales en que la generosidad mutua remediaba las necesidades particulares.

Mantener la mirada fija en el esplendor y la maravilla de la creación es siempre un argumento válido para reavivar la confianza en su autor. Y la valoración del cuerpo a que se alude también en el pasaje, constituye una herramienta valiosa que puede hacernos sobreponer a muchas dificultades y desafíos consumistas.

El exceso de las preocupaciones, no siempre para afrontar verdaderas necesidades, sino para mantener las riquezas y multiplicarlas, trae necesariamente una disminución del aprecio de los valores fundamentales que hacen a la felicidad del ser humano que tarde o temprano siempre llega a enfrentarse consigo mismo. Y al mismo tiempo se interpone a los goces que podrían brotar del disfrute de las posesiones.

La frase final es plenamente recuperable como norma para observar con la mayor fidelidad posible. A cada día le basta su preocupación. En realidad muchas veces arruinamos nuestra vida concreta haciendo cálculos sobre el futuro y acontecimientos que no podemos prever, cuando lo verdaderamente conveniente es aprovechar los regalos de cada día para fortalecerse en la adversidad.

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