Domingo 13 de Marzo de 2011 1ro. de Cuaresma (ciclo “A”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Mt.4,1-11)

El espíritu condujo a Jesús al desierto para ser tentado. Jesús ayunó durante 40 días y al final sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo “si eres hijo de Dios dí que las piedras se conviertan en pan” Jesús contestó “Está escrito que el hombre no vive sólo de pan sino de la palabra de Dios”

Lo llevó el diablo a la parte más alta del templo y le dijo “Si  eres hijo de Dios lárgate de aquí porque está escrito que mandará a sus ángeles para que tu pie no tropiece y cuiden en todo de ti” y Jesús respondió “También está escrito no pondrás a prueba al Señor tu Dios” Después lo llevó el diablo a un cerro muy alto y le mostró todos los reinos del mundo con su esplendor y le dijo “Todo esto será tuyo si postrándote me rindes homenaje” Y Jesús contestó “Vete Satanás porque está escrito que al Señor solamente rendirás homenaje y servicio” Entonces el diablo lo dejó y los ángeles vinieron a servirle.

Síntesis de la homilía

La tentación, el  misterio de la libertad humana que nos coloca tensionado entre el bien y el mal. La tentación que, al mismo tiempo, es la escuela de formación de nuestra personalidad adulta. Jesús como cualquiera de nosotros habrá vivido los tironeos entre el bien y el mal en muchas oportunidades antes de ser mayor de edad. Las de la niñez, las de la adolescencia, las de primera juventud, las de hombre adulto. Por eso sabe que su fidelidad a lo que cree que Dios pide de él va a tropezar con muchas pruebas y, antes de comenzar el cumplimiento de su misión de predicar e instaurar un clima nuevo que se conforme a la voluntad de Dios, tiene que estar preparado para tentaciones aún  más seductoras y graves. Y marcha al desierto para despojarse con el ayuno y la meditación de todo lo que puede ser carga negativa para afrontar esa difícil situación. Cuarenta días es el tiempo ritual de prueba y madurez. Y aparecen todas las vetas de las tentaciones que experimentará en su camino de lucha por una sociedad nueva. La primera: desde los instintos fundamentales del ser humano representados por el  hambre que mina las energías, que con desnutrición impide el normal procedimiento de las facultades espirituales, que se convierte en desesperación y hasta obliga a veces a tomar y realizar decisiones extremas. Como hijo de un Dios padre, no puede padecer hambre y allí aparece la tentación que es a la vez creerse más que un hombre común y protestar contra el Dios que sólo ha puesto piedras alrededor. Que las piedras se conviertan en pan. Su recurso para no entrar en rebeldía es que su alimento esencial es la voluntad del Padre, manifestada (como es lógico en Mateo) en la Escritura.

Ya el tentador ha descubierto la argumentación a que puede ser sensible su víctima. Arrójate de aquí porque “está escrito”. A esta altura ya la relación se ha convertido en un duelo escriturístico en que cada uno hace gala de su erudición. Son dos exegetas.

Jesús replica con el pasaje que prohíbe poner a prueba el amor de Dios. Nosotros, quizás sin quererlo, lo hacemos con frecuencia, cuando pedimos o creemos en los milagros y suponemos que Dios tiene que intervenir para solucionar los graves problemas en que nos metemos, como individuos o sociedad.

La tercera prueba es la más fuerte  y por eso definitiva. Está en oferta el título de grandeza y poder, el de Rey del mundo. En una falaz visión el tentador trae a la imaginación de Jesús deseoso de hacer triunfar el reino de Dios, el esplendor de los reinos del mundo que facilitará su misión. Jesús la rechaza con menosprecio que obliga  a finalizar la tarea emprendida por Satanás. Un satanás que sigue tentando a la iglesia de Jesucristo para que su misión se cumpla desde el poder de los reinos de la tierra que conquistan adeptos y someten a su voluntad las voluntades de los pueblos. Y en muchas oportunidades pareciera que esta táctica debe ser tenida ebn cuenta especialmente si se pretende ser eficaz. Como cuando la iglesia adapta sus tácticas de evangelización a lo que conviene a los poderosos de la tierra.

 

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