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Homilias Dominicales – Domingo 4 de Marzo de 2012 – 2do de cuaresma (ciclo “B”) Por Guillermo “Quito” Mariani.

Tema (Mc. 9,1-9)

Seis días después, Jesús tomó aparte a Pedro, Santiago y Juan y los condujo a un monte elevado. Allí se transfiguró en su presencia. Sus vestiduras se volvieron resplandecientes como nadie en el mundo hubiera podido blanquearlas. Entonces aparecieron Moisés y Elías hablando con Jesús.

Pedro dijo a Jesús ¡Maestro, qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés otra para Elías. Pedro no sabía lo que decía porque estaban llenos de temor. Entonces una nube los cubrió con su sombra y salió de ella una voz: Este es mi hijo muy querido, escúchenlo. De pronto miraron a su alrededor y no vieron a nadie. Sólo estaba Jesús con ellos. Mientras bajaban del  monte jesús les prohibió contar lo que habían visto, hasta que el hijo del hombre resucitara. Ellos cumplieron esta orden pero no entendieron lo que significaba “hasta que resucite”.

 

Síntesis de la homilía

La precisión de seis días después hace referencia a la duración de la fiesta de los Tabernáculos, de origen agrario y cuya expresión era un vuelco de la alegría  de la gente que se reunía en tiendas de campaña para festejar el éxito de las cosechas. Marcos acaba de presentarnos a Jesús calificando a Pedro como “satanás”. Pedro había hablado en nombre de todos. Jesús lo invita especialmente con Santiago y Juan para ascender a un lugar elevado. Así une en un mismo camino de ascenso hacia la realización de la voluntad del Padre, el sufrimiento y la glorificación. Se trata de una especie de anticipación pascual a la que recurre Marcos, no con la intención de anticipar un acontecimiento sino con la de establecer que la vida entera de Jesús es pascua, muerte y resurrección. Lo del hombre y lo de Dios. El plan de vida del ser humano enganchándose en el plan salvador o glorificador de Dios. Con lo que se completa la lección vocacional que Jesús quiere trasmitir a sus discípulos. Por eso aquí como en el bautismo se habla de una voz que señala a Jesús como el hijo predilecto a quien hay que escuchar. A orillas del Jordán ésa era la afirmación de la vocación de Jesús. Aquí se trata de  la  vocación de los discípulos. “Escúchenlo”. La prohibición de comunicar lo experimentado en el monte obedece al peligro tan acechante para los apóstoles de olvidar (como efectivamente lo hace Pedro al proponer establecerse allí definitivamente, y lo expresan los tres al no entender lo de resurrección que supone muerte)) que sufrimiento y glorificación son una  misma realidad pascual.

La consecuencia directa de esta acción de Jesús preparando a sus discípulos, nos afecta a todos nosotros.

En la historia personal y comunitaria siempre están mezcladas conquistas y dificultades, tribulaciones y gozos, luchas y logros. Un camino directo de flores y triunfos sería el resultado de una marcha de superhéroes, superhombres o semidioses. Jesús no es nada de esto. Es un hombre común que descubre intensa y profundamente su vocación humana. Por eso pone mucho cuidado en que sus discípulos no se excedan en la euforia esperanzada de un triunfo final (ni material ni espiritual) e integra el sufrimiento con su valor de camino hacia la etapa de plenitud. Precisamente porque lo humano juega un doble papel como afirma Pablo en Romanos 7 y como los atletas es necesario correr y fatigarse  para conseguir la meta. Y la vocación humana es constante dinámica entre muerte y resurrección. Para el cristiano,  la dinámica pascual.

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