Homilias DominicalesJosé Guillermo Mariani

Domingo 20 de Marzo de 2011 2do. de Cuaresma ( ciclo “A”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Mt. 17,1-9)

Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro Santiago y Juan y los llevó a un monte muy  alto donde su figura cambió delante de ello. Su rostro brillaba con el sol y sus vestiduras se volvieron resplandecientes. De pronto junto a él se aparecieron Moisés y Elías que conversaban con él. Pedro comentó “Señor qué bien nos encontramos aquí. Si quieres hago tres chozas una paran ti y otra para Moisés y otra para Elías. Todavía estaba hablando cuando los cubrió una nube y se oyó una voz que decía “Éste es mi hijo predilecto, escúchenlo”. Los discípulos espantados cayeron al suelo y Jesús se acercó y les dijo: Levántense, no tengan miedo. Al alzar los ojos no vieron más que al Jesús de antes, quien, cuando bajaban del cerro les ordenó que a nadie contaran lo que habían visto hasta que resucitara de la muerte.

Síntesis de la homilía

La fiesta más alegre y popular entre los judíos era la de las chozas, o tabernáculos en la que después de cosechados todos los frutos, la gente se reunía en los espacios verdes a celebrar la cosecha, a gozar de los frutos y divertirse. Caía en otoño. Pocos días antes Jesús había tenido un altercado con Pedro que asumiendo la representación de los demás le había dicho que él era el mesías, a lo que Jesús había advertido que no era intuición de Pedro sino que Dios  le había dictado esas palabras y sobre esa confianza iba a edificar su comunidad. Hasta allí todo bien. Pero no era todo así, como lo imaginaba Jesús .Pedro había hablado con la concepción de quien pronto va a adquirir un lugar importante acompañando al mesías triunfador. Jesús lo reprende como nunca lo hizo con ninguno de los discípulos, tachándolo de Satanás.

Ahora están en la fiesta y Jesús quiere que la gocen. Por eso los lleva arriba en donde adquirirán una visión completa de su mesianismo: una difícil misión que le costará la vida pero que llevará también consigo la resurrección de la vida. El episodio narrado por Mateo está cargado de simbolismos. La visión de los tres discípulos se da en medio del cansancio de la subida y la luminosidad de la cumbre. La creencia de que Elías iba a volver para anunciar al mesías estaba muy presente en las mentes de los tres. Y vieron entonces a Moisés el gran caudillo liberador y a Elías el padre de profetas conversando con Jesús de igual a igual.

La nube que es símbolo siempre de la presencia de Dios y la voz que escuchan los deja atónitos. Éste es mi hijo predilecto ¡escúchenlo! Ése es le gran mensaje: escúchenlo a él no se escuchen a ustedes mismos envolviéndose con sus intereses egoístas.

El ideal de Pedro de construir allá arriba tres chozas como las del valle donde la gente celebraba y se divertía queda como algo desprendido de la situación general pero tiene toda la sugerencia de identificar su experiencia con Jesús con la fiesta de la cosecha.

El cambio de Jesús que había tratado tan severamente a Pedro muestra su profunda comprensión de la naturaleza humana que se arrastra muchas veces y otra se exalta, que se equivoca y al mismo tiempo produce grandes resultados. No hay superhombres. La infalibilidad no es cualidad de ninguno. Los que creen superiores por su poder o su situación social, suelen ser los que más cerca se encuentran de la situación de Satanás como Pedro. Y  debería constituir el ideal de la presentación de la iglesia una ostentación de comprensión que la impulsaría  también más severa con los graves escándalos que muchas veces se producen por la inconducta de sus representantes más distinguidos.

 

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