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Mientras haya pobres, habrá Teología de la Liberación. Entrevista a Pablo Richard. Por Mayra Rodriguez

No hay dudas. Todo teólogo es un provocador como mismo lo fue Jesús para su época, afirmación que tiene origen en las confluencias que existe entre la máxima figura del cristianismo y sus seguidores más raigales, de mayor compromiso con los pobres, cuando se trata de explicar la Biblia desde la realidad misma del ciudadano de este mundo.

Tener ante mí al chileno Pablo Richard, doctor en Teología y Ciencias Bíblicas fue una fiesta de la palabra. Un hombre que se ha licenciado en Sagradas Escrituras en el Pontificio Instituto Bíblico de Roma, un arqueólogo de la Biblia que se especializó científicamente en la propia Jerusalén, resulta siempre un descubrimiento cuando, desde detrás de es bonachón rostro, aflora una ética inviolable, una inteligencia pocas veces vista, pero sobre todo, un cristiano comprometido con su realidad, que es la realidad de la pobreza en América Latina y la necesidad de un análisis teológico que contribuya a la liberación plena del ser humano como criatura de Dios.

1.- ¿Qué huella queda en Pablo Richard de aquel Movimiento de Cristianos por el Socialismo de los años ’70, criatura nacida de la llamada Teología de la Liberación?

PR/ La Teología de la Liberación fue un movimiento muy importante que hizo posible la convergencia entre fe y política, porque normalmente los cristianos, cuando había un gobierno progresista o socialista, siempre estaban en la oposición, y fue la Teología de la Liberación la que permitió que la fe fuera más liberadora, y correspondió a los partidos políticos descubrir que el cristianismo tenía una orientación liberadora.

Fue la opción que permitió a los cristianos participar en los movimientos políticos sin perder su fe, lo cual fue nuevo, porque antiguamente los cristianos que tenían una opción política eran normalmente de derecha, y los partidos de izquierda excluían a los cristianos, en un paralelismo que no se tocaba.

La total convicción que queda en mí de aquel movimiento cristiano, es que no hay ninguna incompatibilidad entre cristianismo y socialismo, pero en procesos concretos, el ayudar a las y los cristianos a participar en política sin perder su fe, fe que se radicaliza al profundizar en la realidad.

2.- Qué opinión le merece la afirmación de que la Teología de la Liberación fue abortada por los abruptos rumbos de la Iglesia hacia una hacia la derecha en América Latina?

PR/ Depende, porque hay una Iglesia de “cristiandad” que ha destruido todo lo que se había construido en las décadas de los ’60  a los ’80 y que está cada día más a la derecha.  Pero, también existe la Iglesia de la liberación, de las comunidades eclesiales de base, la Iglesia de los pobres, que sigue estando en la línea liberadora y que está cada día más viva hoy en América Latina, en la medida en que el sistema neoliberal y la Iglesia de cristiandad van entrando en crisis, las personas buscan una alternativa y esa la ofrece la Teología de la Liberación.  En América Latina, sólo en los últimos 10 años, se han salido 50 millones de la Iglesia católica, y no porque se hayan ido a otros grupos religiosos, sino porque la Iglesia no les dice nada, y esto es parte de la crisis de la “cristiandad” que no da ninguna respuesta a los problemas modernos.

3.- Cuando usted vislumbra la actual realidad de América Latina, donde cada vez son más comunes los desastres naturales y los cambios climáticos que acentúan los niveles de pobreza, además de otros males como la corrupción, la violencia y las drogas, ¿cómo sostener esa Palabra de Dios como fuente de vida y esperanza, que anunciaba usted a las puertas del actual milenio?

PR/ Primero, debe haber un análisis de la realidad, de esta economía de mercado de inspiración neoliberal que se mantiene gracias a salarios bajos y destrucción de la naturaleza.  Es cierto que hay muchos sectores de la Iglesia que están metidos en este sistema neoliberal, pero hay también personas que hacen la lectura de la palabra de Dios y grupos bíblicos que están preocupados por esta crisis debida a la destrucción de la naturaleza.  Leonardo Boff escribió un libro paradigmático en este sentido: “El grito de los pobres y el grito de la Tierra”, que hay que escuchar ambos.  Entonces, hay muchos movimientos de la Teología de la Liberación en la línea ecológica.  Ahora justo hay la construcción de toda una teología sobre el agua, como un bien que está a punto de entrar en crisis. De la destrucción de los medios naturales y la destrucción de la gente, por este sistema, la teología de la Liberación es la que más habla, y muchas veces ni los grupos políticos ni la Iglesia hablan. El tema ecológico es un tema muy vivo, especialmente en la teología india, donde ya se habla mucho del “Pachamama” en América del Sur por ejemplo, en la defensa de la tierra y del agua, donde participan mucho los grupos progresistas de las iglesias.

Por ejemplo, la reciente consulta en Cancún sobre las medidas a tomar frente al cambio climático y el calentamiento global; que si se sube de dos a tres grados va haber catástrofes derivadas de esos cambios y los países industrializados no aceptan ni quieren tomar medidas, porque proteger la naturaleza es el peor negocio para ellos, pues se necesita reducir el avance del mercado, pero ellos quieren más y más ganancias y si se destruye la naturaleza, poco les importa.

Si todo sigue igual, si no hay cambios, la tierra no llega al año 2025. Ya estamos sobregirados, hemos abusado de la tierra sacándole más de lo que puede dar,  pero muchos no se han dado cuenta que la tierra es redonda, y que si explotas para allá, más delante te va a llegar por la espalda.  Entonces la Iglesia ha desarrollado una teología muy sabia, cuando aborda la ecología, y esto es parte de la Teología de la Liberación.

4.- En uno de sus últimos análisis: “Pedofilia y poder”, usted hace afirmaciones muy arriesgadas. Habla de confrontar la actitud de la Iglesia católica, por un lado frente al fenómeno pedófilo y, por el otro, frente a la Teología de la Liberación. Afirma que la homosexualidad puede ser una opción legítima si está guidada por una ética de amor y fidelidad y que la exclusión de la mujer de la estructura jerárquica católica es la otra cara de la masculinización absoluta del ministerio clerical, llegándose a preguntar cómo se analizarían esos problemas si la mujer, ordenada como cardenal, tuviera acceso a altos cargos dentro de la estructura jerárquica de la Iglesia.

¿Existió alguna reacción de la curia católica a sus planteamientos o simplemente los obviaron para silenciarlos?

PR/ La iglesia tiene terror a hablar de estos temas. Tiene miedo. Con ese artículo yo no recibí ninguna crítica de parte de la jerarquía, y es debido al temor que hay en relación a los temas.

Hoy día en la ética de la Teología de la Liberación aceptamos, por ejemplo, que la homosexualidad es una manera de vivir, es una opción.  Pero la Iglesia y su jerarquía no entran en estos temas por el temor a que se desate una discusión donde no tienen mucho que decir, pues son temas que no se discuten.

Estos son problemas de la modernidad y la Iglesia católica los ha rechazado: no quiere saber de  la homosexualidad o de la participación de las mujeres. En este último por ejemplo, no hay un solo argumento, ni bíblico ni teológico, para excluir a la mujer del sacerdocio y la Iglesia lo rechaza, porque tiene una visión pre-moderna de lo que es la mujer.

En fin, la Iglesia no habla mucho de estos temas, porque no sabe que decir, y cuando ha entrado ha entrado mal, ha ocultado a pedófilos, no ha escuchado a las víctimas, no ha hecho análisis a profundidad, porque si entra a esta discusión van a surgir muchos más problemas para la jerarquía por su posición tan conservadora.
5.- También en su espíritu de lo que pudiera llamarse “un provocador teológico” ha dicho que no existe una Iglesia, sino modelos en cómo ser Iglesia; y se refiere a uno dominante y tradicional que fenece de manera irreversible ante otro que busca, precisamente, uno alternativo y más contextualizado. A su juicio, ¿qué características o hacia dónde debe enfocarse ese modelo calificado por usted de emergente?

PR/ El modelo de la iglesia de cristiandad ha entrado ya en una fuerte crisis, es irreversible y se avecina un colapso, porque no tiene los elementos ni fundamentos teológicos ni teólogos o teólogas para superar esta situación. La pedofilia ya es un signo muy serio de esa crisis profunda, y peor aún el ocultamiento que la iglesia ha hecho de ello.   Evidentemente y aunque no como una consecuencia directa, la gente va a recurrir al modelo alternativo, va a buscar en la Iglesia de los pobres, una manera de vivir su fe.

Entonces esta Iglesia emergente, de los pobres, la Iglesia del pueblo de Dios, debe tener las siguientes características: Primero, una opción preferencial por los pobres y contra la pobreza: hay que crear estructuras en la Iglesia para vivir con ellos (los que viven con VIH/Sida, los marginados, los de la calle, etc.) Ahora mismo son muchos, pero son invisibles a la sociedad y esta situación es algo que la Iglesia debe transformar.

Segundo, las comunidades eclesiales de base: donde se une la oración y la comunidad, no importa que sean pocos y pocas, lo que cuenta es la calidad.  Para la Iglesia de la cristiandad lo importante es la cantidad, porque tienen criterios comerciales, de mercado. Me atrevo a decir que no importa que la Teología de la Liberación muera, en tanto que no sigan muriendo los pobres, pero que mientras haya pobres, habrá teología de la liberación, habrá Iglesia del pueblo de Dios.

Tercero, la lectura popular de la Biblia: lo mejor que podemos hacer en este tiempo de crisis es devolver la Biblia al pueblo, con libertad y autonomía.  Por 400 años la Iglesia estuvo sin Biblia,  pero el Concilio Vaticano II rompió con esta tradición y la devolvió al pueblo.

Cuarto, la Teología de la Liberación: Hay que dejar de hacer lo que ha provocado que ya no se haga teología. Hay que perder el miedo, superar la teología del miedo: los laicos le temen al cura, el cura al obispo, el obispo al Vaticano y el Vaticano a la Teología de la Liberación…. Se debe dejar el miedo y tener fe.

Quinto, una Iglesia autóctona: es la que nace de los mismos pueblos que van descubriendo el Evangelio.

Sexto, la vida religiosa se inserta: en los ambientes de las y los marginados y despreciados.
Séptimo, los nuevos ministerios: hay que desacralizar y “desacerdotizar”, superar distancias entre laicos y clérigos, que desaparezcan las divisiones.  Y aquí exclamar: ¡NUNCA MAS UNA IGLESIA SIN MUJERES! Deben ser integradas como maestras, sabias, teólogas, que asuman todas las funciones del presbiterado.

Octavo, Iglesia como centros de formación: las y los laicos son el futuro de la Iglesia, por lo que la formación es importante.

Noveno, una Iglesia de profetas y mártires.

Y por último, en décimo lugar, evitar las contradicciones innecesarias y crecer donde están las fuerzas. No sirve criticar y gritar contra la Iglesia de la cristiandad, pues los dos modelos de Iglesia no viven separados y confrontados entre ellos.  Los modelos se entrecruzan. Encontramos signos de la presencia de Dios en la Iglesia de la cristiandad y signos de cristiandad en la Iglesia de los pobres.

6.- Hagámonos la idea de que usted es un doctor en medicina y tiene que dar el diagnóstico de un enfermo que, en su historia clínica, tiene por nombre Teología de la Liberación: ¿Cuál sería su pulso y su presión arterial?

¿Padecería una dolencia pasajera,  cáncer o habría que redactarle un dictamen necrológico en el actual contexto político y eclesiológico de América Latina?

PR/ No podría dar un pronóstico fatídico, porque, de hecho, hay un resurgir de la Teología de la Liberación, aunque la Iglesia lo niegue. La lectura popular de la Biblia, las comunidades eclesiales de base, son una fuerza que no pueden detener. Los pobres mismos necesitan de esta Iglesia, la necesitan para sobrevivir. No es la Iglesia que necesita de dinero para sobrevivir, sino pobres que necesitan de la Iglesia para sobrevivir. Y esto es por todos lados en El Salvador, en Guatemala, en Costa Rica y en muchas otras partes del mundo.

 

El Dr. Pablo Richard es un sacerdote chileno que vive en Costa Rica desde hace muchos años. Es uno de los grandes biblistas latinoamericanos y reconocido Teólogo de la Liberación.

Recomendamos especialmente para el tiempo que estamos viviendo como comunidad de La Cripta, su libro El movimiento de Jesús antes de la Iglesia. Una interpretación liberadora de los Hechos de los Apóstoles.

Hacer clic aquí para ir a Wikipedia y conocer más sobre Pablo Richard

 

Fuente: ALC Noticias

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