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A un mes de la intervención y “asalto” a La Cripta. Por Pbro. Carlos Ponce de León

No es suficiente un mes, para salir del asombro indignado de toda esta “intervención”. Pero hay que volver sobre ella y todo su proceso. No para quedarnos en esa innombrable escena de gritos, insultos y mentirosos rezos. No para interpretar detalles aislados, como esa mirada gacha del Obispo, ni la postura como de desafío sobrador de Pedro, el párroco nombrado. Ni a  todo esto que termina, dicen, después de una comunión indudablemente “non sancta”, con aplausos de victoria y aires de triunfo apabullante. (Y hasta con un: -“Y vos, porqué no aplaudes? “- que pregunta alguien a un cura, que quizá, no tuvo tiempo de retirarse antes…)

Muchos gestos que mucho dicen. Y que si alguien dudaba de lo legítimo del “NO COMULGAMOS”, bueno, allí tiene clara, una parte de la respuesta. Tampoco se trata de ir a “llorar al campito”.

No para eso, pero, hay que volver sí. Sobre ella. Su génesis y su culminación.

 

Para decidir, para continuar

Para recalcar y considerar. Para continuar caminando al sol, a pesar de estos desiertos…” como canta  Víctor Heredia.

Se trata de algo más que dejar por escrito. Es cierto aquello de que “verba volant, scripta manent”, de los antiguos romanos. Y que lo que es noticia hoy, en nuestra cultura, fácilmente se olvida mañana. Y en estos temas eclesiales,  más todavía.

Porque la tarea de la memoria, no es solo la de reconstruir el pasado. Es eso y más. Es ganarle al olvido y a la muerte; es despertar conciencias dormidas. Es disputar el control o manejo de los imaginarios sociales,  antes que se apodere de ellos, un discurso oficial, interesado. Es para insertar situaciones como ésta, en espacios mayores y procesos. Para tanto mas, como para no ser espectadores resignados.

 

De las “intervenciones

No se escucha hablar de intervenciones en las iglesias. Y ha de ser el espacio social donde mas se han dado estos tipos de decisiones, la mayoría de las veces, autoritarias. Donde los intervenidos cuentan con muy pocos recursos legales. Sin posibilidad de recursos de amparo, por ejemplo. Con mucha indiferencia de los no afectados. Y por allí, en una de esas, con la posibilidad de un juicio que termina en el Vaticano. Y que además de lejano y costoso, bueno…

Para estos y muchos otros temas, no hay espacio en nuestra Iglesia. Se comentan y murmuran, sin duda. Muy posiblemente muchos tendrán posición tomada. Pero no se alienta un tratamiento abierto, franco. Digamos, serio y  adulto,  de los mismos. ¿Temor al discenso y a una mayor participación?  Por lo pronto, hay lo que llamamos, falta de honestidad con lo real. Y una iglesia que no se anima a ser comunidad, por más que diga y convoque para eso. Y que sabe, que “si algún miembro está enfermo, todo el cuerpo queda afectado”, al decir de San Pablo, y San Ignacio y Santa Teresa. Pero hay otras cargas que nos pesan.

 

Cargas que nos pesan

Bien sabemos que el peso del poder eclesiástico ha sido tan  fuerte, (jerarquía, poder sagrado), que ha aplastado mucha originalidad del evangelio de Jesús. Desde el poder como servicio, hasta aquello de que “mi yugo es suave, y mi carga ligera” (Mt.11.30). Y ese poder cuando se impone, ha generado un temor por siglos, que hizo virtud de la resignación. Y al discenso, siempre ha llamado rebeldía.

Y la obediencia?  El que obedece, nunca hierra, se decía. “Perinde ac cadáver”, (disciplinado como un cadáver!), se descontextualizaba a San Ignacio.  “Promittis me, oboedentiam et reverentiam, exigía el obispo a los que se ordenaban como curas. Solo el Obispo tiene el Espíritu Santo, gritaban desaforadamente en la Cripta.

Y en nombre de “esa obediencia” y de ese “monopolio” de Espíritu, cuántas veces se ha cercenado la vida y el Espíritu. “Ojalá todo el Pueblo del Señor profetice y reciba su Espíritu “, deseaba ya Moisés (Nm. 11,25)

 

A todo esto se sumó un falso y engañoso “amor a la iglesia”. Y se decía o dice, “no hablar, para no dañarla”. Y “no disentir, para no fomentar la división”, como si el decirlo fuera su causa. “Los trapos sucios, no se lavan afuera” fue consigna repetida; ( y dentro, se pudren, añadiríamos, de malos que somos).

Acaso no recuerdan Uds. a un Vicario de nuestra diócesis, que murió diciendo, a propósito de los robos en la Catedral, que “por amor a la iglesia”, callaba todo lo que sabía!? . Y que a Pérez Esquivel se le llamó “enemigo de la Iglesia”, por el solo hecho de plantear y exigir, lo que cierta jerarquía eclesial, había convenido en negar y callar?

 

Historias que no se han escrito

La intervención de la Cripta, nos hace actualizar muchas otras. Algunas conocidas solo por aquellos que las padecieron. Intervenciones no solo borradas y olvidadas. A veces, ni quedan  en la memoria. Pasaron a ejercicio vencido, con daño grande a personas e instituciones. Y hoy dirá alguno, que son desfiguradas.

Ese listado es demasiado grande.

Mucho conocemos  (y muchos, no), lo que padecen tantos maestros de la Teología, la Palabra, las Santas Escrituras. Prohibidos, censurados, intervenidos. Un capital humano valiosísimo- por lo de humano y su sabiduría- irresponsablemente ninguneado. Nosotros conocemos a Ariel Valdez. Quizá algunos a Pagola, por su libro JESÚS, O a José María Castillo, y a Leonardo Boff. Y a los teólogos de la liberación.

Pero no a los mas de 300, mujeres y hombres de bien, a quienes se les ha arrebatado el espacio de todos, que son las instituciones nuestras, de iglesia. Porque su aporte pone en peligro un sistema que se niega a la conversión, o al menos, al diálogo.

 

Quien recuerda, por ejemplo,  las intervenciones a las comunidades religiosas en los años 70. A las Terciarias Franciscanas de la Caridad, fundadas por la Madre Teresa Gherra? Y a las también Franciscanas, fundadas por la Madre Tránsito Cabanillas. Y a Alicia Loustanau, y a Rosa Adam, Superioras Generales; elegidas legítimamente según sus constituciones; destituidas con todos su Consejos y reemplazas todas, por hermanas “con hábitos” ( miren qué ridículo!). Y no porque no llevaban hábito, sino por sus entusiastas anhelos de renovación, con el aliento del Concilio Vaticano II y Medellín. Ellas que buscaban la  recuperación de su carisma inicial y el  volver a insertarse entre los pobres. Y quién conoce el maltrato que sufrieron, las humillaciones?. Las intervenciones y algunos de los “visitadores”, sacerdotes encargados de controlar, las examinaban una a una. Algunos revisaban hasta las intimas pertenencias de las hermanas. Para buscar vaya a saber qué, más allá de humillarlas y ofenderlas. Y todo esto, no en la Edad Media. Todo esto aquí, en Córdoba. Y no hace tantos años.

 

Algunas Constantes

Y bien,  en todas estas intervenciones, hay muchas constantes. Señalamos alguna.

Desde ya la violencia y la negación de elementales derechos.

Proceden de un poder conservador, desconfiado, autoritario.

Se asientan sobre una teología y mirada de la Iglesia, que nada sabe de los  “signos de los tiempos” y parece que ni les importa. Tampoco mucho,  de la propuesta de Jesús y su Evangelio.

Encuentran siempre, para su apoyo, a esos sectores reaccionarios, siempre al asecho. Y prontos para ir donde quiera que se den signos de renovación, de cambio y libertad. De fidelidad a Dios, antes que a los hombres (He.5, 29)

Sectores acostumbrados a vigilar, señalar, y recurrir a acusaciones y delaciones. Desde una mirada preocupada por las formas. Indignos de la Palabra: solo aceptan la palabra dogmática, la palabra abstracta, y la palabra vacía. Que no saben escuchar: (los gritos en La Cripta).

Prontos para recurrir a la violencia. Recuerden Uds. a la Falange de Fe, en épocas del proceso.

O a un “Comando Raúl Francisco”, que apareció con amenazas también por aquellos tiempos. Y recuerden los volantes que desparramó en abundancia, la Unión de Padres de Colegios Católicos, contra el Seppac, ( Sindicato de educadores Privados y Particulares de Córdoba), que luchó por el Estatuto de los Docentes  Privados y fueron aprobado por las Cámaras. Recordamos, de paso, que estos volantes empujaron, también, el “Navarrazo”. Aquel ridículo golpe de la Policía de Córdoba que destituyó al gobierno de Obregón Cano (1974).Y dio comienzo a muchos asesinatos.

Violentos eran también los volantes que distribuía el Sr. Bobadilla, rector del Loreto. Y que convocaba a un “levantamiento popular, militar y católico”, como rechazo del Congreso Pedagógico (1986) y al gobierno “liberal marxista” del Dr. Alfonsín. En nombre, vaya saber de quién. Pero que respondía a un conocido sector católico.

Bien: algunas de esas  constantes, están, lamentablemente, presentes en el hecho de La Cripta.

 

A modo de conclusión

Quedan entonces, abiertos muchos temas, en esta conmemoración al mes del torpe hecho de intervención a La Cripta. Recuperación de memorias; lugar de los laicos y las comunidades en la vida eclesial; revisión de teologías y pastorales a la luz del evangelio; Derechos Humanos y Derecho Canónico. Y otros muchos.

Estas líneas rápidas, hechas para recordar este primer mes, quieren algo mas: ser  reconocimiento agradecido del valioso testimonio, que por muchos años nos dejaron, la Comunidad de La Cripta y sus curas: Quito Mariani y Víctor Acha.

Invitación también,  para seguir conociendo, conversando, aportando. Para ahondar la huella de la memoria, hacia la esperanza y el futuro. Sabiendo que toda crisis apura los pasos, y urge crear nuevas respuestas. Gracias, ánimo y mucha paciencia, como dice González Faus.

 

Córdoba 1 de junio de 2011

Carlos Ponce de León

 

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