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Domingo 5 de diciembre de 2010 2do. De Adviento (ciclo “A”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema: (Mt. 3,1-12)

Juan, el bautista, se presenta en el desierto de Judea y proclama su mensaje sobre la cercanía del reino de Dios que tiene que producir el cambio y la conversión de corazón. Evoca al profeta Isaías que se refiere a una voz que clama en el desierto para preparar los caminos del Señor y enderezar sus senderos. Un manto de pelo de camello, un cinturón de cuero y una alimentación con langostas y miel silvestre.

Los judíos de todas partes se acercaban a verlo junto al Jordán y al escucharlo se reconocían pecadores y él los bañaba con el agua del río. Al ver esto, fariseos y saduceos se acercaban a recibir ellos también, ese bautismo. Y él les decía: Raza de víboras! Acaso podrán escapar al castigo que se viene? Muestren frutos de conversión en lugar de gloriarse de que son hijos de Abraham, porque yo les aseguro  que Dios puede sacar hijos de Abraham aun de estas piedras. Fíjense que el hacha está puesta en la raíz de los árboles y ya están cortando y echando al fuego a los que no dan fruto. Yo los bautizo con agua pero viene otro detrás de mí, más poderoso que yo a quien ni le puedo desatar las sandalias, que los bautizará con el fuego. El tiene en sus manos la horquilla para limpiar el trigo y echar al fuego la basura.

Síntesis de la homilía

No es improbable que Juan estuviera a la comunidad de los esenios, una especie de monjes que en el siglo II a.C. habían decidido edificar su propias residencias o monasterios (Qumram era posiblemente uno de esos) en rebeldía con la sociedad judía demasiado influenciada por los  griegos y la debilidad de sus dirigentes que consumaban o toleraban diversas violaciones de la Ley de Moisés.

La severidad de Juan, así como lo silvestre de su vestimenta, responde a la austeridad con que vivían esos monjes en el desierto. Y su ira contra saduceos y fariseos se explica porque siendo ellos los que sostenían el culto y la enseñanza de la ley eran responsables de su decaimiento o falta de cumplimiento.

Como se trataba de tiempos muy cargados de dominación política y económica por parte de Roma, el pueblo estaba constantemente avizorando el horizonte para descubrir el cómo y el cuándo llegaba la liberación anunciada por los profetas.  A eso se debe la gran convocatoria que tiene la proclamación de Juan en el desierto, sobre la llegada del reino, que además se realiza con independencia absoluta de los factores y poderes opresores. Fuera del templo y de la ciudad. Seguramente el anuncio de la proximidad del reino había madurado en sus largos espacios de meditación sobre los acontecimientos que se producían. Y hasta es posible pensar que este aspecto hubiera sido motivo de conversaciones con Jesús su primo. La predicación de este bautizador con agua sagrada del Jordán, está llena de exigencias y amenazas. Entra en la perspectiva muy de moda en tiempos de Jesús, del libro llamado de Los salmos de Salomón que se recitaban casi clandestinamente y que hablan de las venganzas y aniquilamiento por parte de Dios de los enemigos de su pueblo. Se trata de unas oraciones cargadas de crueldades y excesos atribuidos a Dios para imponer definitivamente su reino de colinas allanadas y caminos rectilíneos. Que el hacha está puesta a la raíz es una imagen dura de la ira de Dios que se ensaña también con los dirigentes de su pueblo que no han dado los frutos esperados.

No se puede negar la importancia y sinceridad de la figura de Juan el Bautista. Jesús le ha rendido la más entusiasta alabanza. Entre los hijos de mujer, nadie más excelente que Juan. El testimonio de su vida y su muerte cruenta son argumento irrefutable de su convencimiento y sinceridad. Pero lo que él predica no es el reinado de Dios del que va hablar y va a hacer presente Jesús de Nazaret. Y por eso no es el reinado que se traduce en el cambio de relaciones entre los hombres para hacerlas reflejo del amor de Dios.

La visión de Juan no se ha suprimido en nuestra iglesia y nuestro tiempo. Todavía la forma de conquistar para el reino incluye amenazas, descalificaciones, condenas. Y hasta los viajes del llamado representante de Cristo el pontífice romano se hacen con este signo Visita a Africa prohibiendo los preservativos para evitar el SIDA y a España (condenando el trato igualitario por motivos racistas y sexuales, junto con la posición cerrada a todo debate sobre el propósito de disminuir los abortos y las muertes injustas).

Además de ineficaz, anticristiano y antireinado del Dios de Jesús.

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