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Domingo 19 de diciembre de 2010 – 4to de Adviento del ciclo “A”. Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Mt.1,18-24)

Así nació el mesías. María prometida a José , antes de convivir, se encontró embarazada por obra del Espíritu Santo. José hombre justo no quiso manchar su nombre denunciándola y decidió dejarla secretamente. Pero se le apareció un enviado de Dios que le dijo: José hijo de David no pongas reparos a permanecer con María porque la criatura que está en su vientre proviene del Espìritu Santo. Dará a luz un hijo al que llamarás Jesús porque salvará a su pueblo de los pecados. Esto sucedió para  que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Miren, la virgen ha concebido y dará a luz un hijo al que llamarán Emanuel, que significa Dios con nosotros, Al despertarse José hizo lo que le había dicho el ángel y llevó a María a su casa.

Síntesis de la homilía

Mateo  designa al que va a nacer como mesías. Así comienza siendo fiel a su objetivo de convencer a los judíos de lo que él mismo cree. También por ese motivo recurre al Isaías el gran profeta, para explicar lo que al mismo  José le resultó inexplicable: el embarazo de María, antes de convivir sexualmente. Ese nacimiento que no tenía por qué ser tan especial, se convierte en maravilloso por producirse sin concurso del varón. No hay en Mateo un intento de mostrar la virginidad como superior al matrimonio, (cosa que, con frecuencia se ha sostenido) sino de que se trata de un signo de que, desde allí,

se comienzan a cumplir las promesas de Dios.

El recurso a los sueños para trasmitir los mensajes divinos, es propio de Mateo. Coloca sí en un nivel más creíble que el de la realidad apreciable y enjuiciada  por el ser humano, el misterio de los sueños. Siempre en su afán de mostrar a Jesús como el mesías, superior a Moisés y satisfactor  de las expectativas del pueblo.

No se puede extraer de aquí ningún argumento para valorar los sueños como revelaciones de Dios. Con todo lo misterioso que todavía conservan esas representaciones al margen de la conciencia, contamos con suficientes datos para calificarlos como combinaciones incontrolables del contenido de nuestra subconciencia.

Muy claramente se muestra en este sencillo relato, aparentemente histórico en todos sus detalles, que los narradores de evangelios quieren por encima de todo, trasmitir un mensaje, más que describir hechos reales o superar esos hechos con la interpretación que los convierte en enseñanza y criterio de acción.

La nominación del recién nacido se confía a José que además de ser  el jefe del hogar, lo relaciona con la raíz liberadora de la descendencia de David. Jesús significa salvador. Y más que una intuición de futuro significa para este varón justo, la fidelidad de Dios a sus promesas para con su pueblo.

La  importancia del nombre para la mentalidad judía queda nuevamente resaltada aquí con esta nominación que anticipa la misión que cumplirá el hijo primogénito.

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