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La empleada de correos. Por Victor Codina

Cochabamba, Bolivia, septiembre de 2011. Llega a nuestra casilla o apartado de correos el aviso de un paquete de España para nuestra comunidad jesuítica. Tengo que hacer varios trámites previos antes de poder recoger el paquete: me exigen que presente el sello seco de mi comunidad,  que vuelva al día siguiente con el sello, luego tengo que hacer cola para comprar estampillas o sellos de correos, anotar el número de mi carnet de identidad, firmar…Al final me entregan el paquete y la empleada que sabe que es un paquete para una comunidad religiosa, me dice: “Padrecito, su bendición”. Entre sorprendido, admirado y con una cierta  timidez, yo le doy la bendición. Bendecir es invocar la protección divina sobre alguien, sobre su salud y su trabajo,  sobre su relación con Dios y con los suyos, es desearle un rayo de luz en medio de las nubes de cada día.

Al salir de Correos me preguntaba qué dirían  Feuerbach  y los maestros de la sospecha (Marx, Freud y  Nietzsche) de mi bendición a la empleada, que diría el teólogo luterano Barth  con su fuerte crítica a la religión y sobre todo qué opinaría  Bonhoeffer que en sus escritos desde la prisión  exhortaba  a vivir en el mundo secular “como si Dios no existiese” (etsi Deus non daretur); qué dirían algunos teólogos actuales que cuestionan la oración de petición, los que critican la religión y  tienden a reducir el cristianismo a la inmanencia de una ética secular, qué dirían los que defienden una espiritualidad sin religión, ni creencias, ni dioses; que pensarían los que han optado por el agnosticismo o por la indiferencia religiosa…

Yo también me preguntaba: bendecir públicamente a  una empleada de Correos  ¿es  un resto de la Cristiandad barroca y decadente que todavía se resiste a morir? ¿es un fruto típico de  los países subdesarrollados? ¿estaré yo haciendo el juego al conservadurismo involucionista? ¿habré pecado de clericalismo patriarcal? ¿estaré fomentando la fe de carbonero o incluso la superstición? ¿es, política y eclesialmente correcto, hacer lo que he hecho? ¿ me hubiera debido negar a darle mi bendición?

Y sin embargo, más allá de estos cuestionamientos y ambigüedades, uno se pregunta si la hemorroísa que tocó el borde del manto de Jesús no lo hizo con una fe profunda que el Señor alabó. Uno se pregunta si la fe y devoción de los pobres, de los que no tienen otros recursos, no merece respeto. ¿No  les ha revelado el Padre a ellos los misterios del Reino? La secularización rampante ¿es un hecho que de forma determinista llega a todos y a todas partes por igual? ¿es lo mismo lo que acontece en la plaza Tarhir de El Cairo donde los hombres arrodillados rezan, que lo que se vive en las plazas europeas o norteamericanas, llenas de comercios y de letreros luminosos? Según la fe cristiana, el ser humano está movido por dentro por el Espíritu de Jesús, lo sepa o no, Espíritu que muchas veces con gemidos inenarrables nos mueve a clamar ¡Abbá, Padre!. No sabemos cómo esta oración o la bendición puede ser eficaz, es un misterio, pero creemos que no es un grito que caiga en el vacío, como no cayó en el vacío la oración de Jesús en Getsemaní. Por esto J.B. Metz en su último libro, Mística de ojos abiertos, Freiburg 2011,  se pregunta si no sucede a veces que incluso el no creyente  reza etsi Deus daretur, como si Dios existiera…

No podemos ser simplistas, el mundo es complejo, no podemos gritar optimísticamente como Ortega y Gasset  la noticia alegre de  “Dios  a la vista”, hay ambigüedades en la religión que deben ser purificadas y evangelizadas, los pueblos han de progresar, los bautizados necesitan mayor formación, pero el Espíritu del Señor llena el universo, aunque no sepamos de dónde viene o a dónde va. Volvería a dar la bendición a la empleada de correos, aunque no sea políticamente correcto, porque ¿y si Dios existiera?…Quizás hubiera podido añadir a la bendición las palabras de Jesús a la hemorroísa: “Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz” (Mc 5,34).

 

Victor Codina es un sacerdote jesuita, reconocido teólogo de la liberación. Recomendamos toda su obra. En especial su libro Parabolas de la Mina y el Lago.

Fuente Blog Cristianismo y Justicia. Fundación Luis Espinal

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