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Homilías Dominicales. Domingo 31 de enero de 2016 – 4to. Durante el año  (ciclo “C”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Lucas 4,21-30)

Cuando Jesús concluida la lectura dijo “Esto se ha cumplido hoy” todos lo elogiaban por las palabras que habían salido de su boca Y comentaban ¿No es éste el hijo de José? Pero Jesús les contestó: Sin duda ustedes me citarán el refrán “médico cúrate a tí mismo” Realiza aquí en tu patria todo lo que hemos  oído que sucedió en Cafarnaúm. Después agregó: les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra. Y les digo que había muchas viudas en Israel en tiempo de Elías cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia sobre la tierra y el hambre azotó al país. Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a una viuda de Sarepta en el país de Sidón. Y también había mucho leprosos en Israel en tiempos de Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado sino Naamán  el sirio. Al oir estas palabras, todos los que  estaban en la Sinagoga se enfurecieron y  levantándose  lo empujaron  fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina, para despeñarlo, Pero Jesús, pasando en medio de ellos continuó su camino.

 

Síntesis de la homilía

La pregunta de los asistentes a la Sinagoga que se admiraban de las palabras de Jesús esconde una descalificación. “Ser el hijo de José” significaba que no podía ser más que un humilde obrero manual, con una formación  intelectual muy precaria. A eso responde Jesús con la advertencia de algo probad o por la experiencia, y además confirmado con hechos muy presentes de la historia sagrada de Israel referidos a acciones de los grandes profetas Elías y Eliseo.

La admiración y el juicio humillante de “hijo de José” insinúan también un juicio  que los fariseos expresarán muy  orondos: “este obra por el poder del príncipe de los demonios”  Un profeta es difícilmente aceptado en su tierra y entre sus parientes. Sucedía entonces y sucede actualmente en que personas con valores de  toda índole son menospreciadas  en sus ambientes naturales y sólo adquieren  brillo y reconocimiento de sus méritos cuando han sido reconocidas en el extranjero. El orgullo  judío de ser pueblo elegido, se muestra también en este episodio en que se desafía a Jesús para que realice en Nazaret los mismos prodigios que la gente cuenta que ha realizado en la ciudad pagana de Cafarnaúm.  Una actitud muy común de quienes atribuyen  sus cualidades a un origen sagrado. Si provienen  de Dios nadie las puede superar ni negar.

Es curioso y aleccionador cómo esas circunstancias desatan una ira comunitaria que pierde todo control y llega a planear la muerte de Jesús. En realidad se trata de una indignación que podríamos calificar como “política”, en primer lugar porque se aumenta y descontrola por la acción y la influencia de los más poderosos presentes en el culto sabatino y en segundo término porque la soberbia egoísta no mide ni la  licitud ni las consecuencias desfavorable del  uso de medios de cualquier naturaleza para obtener  la satisfacción de la venganza.

No vamos a pretender estar ausentes de estas posibilidades, cuando nuestro mundo ya parece haber perdido en gran escala el aprecio y observancia de los valores de la convivencia que incluye en primer término la valoración de la vida propia y ajena que con demasiado frecuencia resultan olímpicamente despreciadas. Y mucho menos si pensando en posibles remedios no entramos a desarmarnos interiormente para planear en contra, y a rearmarnos para buscar modos  de poder mirarnos sin odios. Porque los odios,  nunca se satisfacen con el logro de la justicia sino que pugnan por lograr la venganza, que desata irremediablemente una cantidad de reacciones dolorosas por una parte, de impunidad por otra, pero también finamente de daño para los mismos actores que la ejecutaron.   Cuando sentimos que nos superan  males sociales como la exclusión de muchos de los derechos esenciales para toda dignidad humana, cuando las palabras ensayan toda clase de descalificaciones sobre todo para quienes no pueden defenderse, cuando nos acostumbramos, aun en la circulación vehicular, a mirarnos como enemigos, ..aunque las estructuras violentas no terminen de desterrarse, al menos tenemos que  luchar por lograr nuestro desarme interior.

 

 

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