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Homilías Dominicales. Domingo 18 de junio de 2017.- Corpus Christi.- Día del padre. Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Juan 6,51-59)

Dijo un día Jesús a los judíos .Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que come de este pan vivirá eternamente Y el Pan que yo  daré es mi carne por la vida del mundo. Los judíos discutían entre sí diciendo. ¿CÓMO ESTE HOMBRE PUEDE DARNOS A COMER SU CARNE? Jesús les respondió. Les aseguro que si no comen la carne y beben las sangre del hijo del hombre, no tendrán vida  en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resuscitaré en el último día. Porque mi carne es una verdadera comida y mi sangre una verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Así  como yo que he sido enviado por el Padre que tiene vida, vivo por el Padre, de la misma manera el que come mi carne vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo. No como el que comieron sus padres y murieron. El que come de este pan, vivirá eternamente.

Síntesis de la homilía

La liturgia celebra hoy el día del cuerpo y sangre de Cristo. En realidad la denominación tradicional no hablaba de la sangre sino del Corpus Christi. Nos vamos a detener un poquito en eso. Porque exaltar el cuerpo de Cristo es exaltar el cuerpo del hombre. Precisamente el cuerpo que es revelación y realización de nuestra interioridad es en Jesús fundamental  para su misión liberadora (redentora en lenguaje tradicional) Porque ese cuerpo además de gestarse como los nuestros en un vientre de mujer yquedar así revestido de las cualidades, limitaciones y debilidades humanas, aplicó toda su energía en defender la dignidad del ser humano y sus derechos así como para reformar la sociedad en que le tocó vivir. Cuando hablamos del espíritu y de espiritualidad, el cuerpo queda relegado muchas veces con una marginación que descalifica a los débiles y siguiendo la mentalidad platónica lo considera obstáculo para la dignidad y grandeza del ser humano cuando es su base y posibilidad única y concreta.      Habla Jesús en Juan un lenguaje que escandaliza a los judíos. Advirtamos que carne significa cuerpo, lo corporal , y que comer el cuerpo y beber la sangre, que bíblicamente es la vida, el alma del cuerpo, significa identificarse con Jesús como alimento de la vida. El proceso biológico no tiene mucho que ver aquí ni siquiera esa “presencia real” de Jesús en el  pan eucarístico. La identificación con Jesús no es real si es sólo sentimental o dependiente de favores Es comer su realidad completa e histórica para identificarla con nuestra propia historia, desde luego siempre  en la medida de nuestras posibilidades. La vida que comunica ese pan, cuerpo y sangre que simbólica o sacramentalmente fijamos en la hostia y el vino, es unión con el designio del Dios creador y por eso participar de una vida que, como en el mismo Jesús, supera la limitación de la muerte.

Atados a los signos sacramentales que se adoptaron primero por la necesidad de expresión corporal de toda comunicación y también con  de la de Dios, nos hemos acostumbrado a dar mayor sentido al signo que a la realidad significada y así hemos perdido el sentido de fe comprometida, de la que habla el apóstol Santiago en su carta, que llega a ser entonces, una “fe muerta”.

 

Dia del Padre

Hagamos ahora una breve reflexión sobre el Día del padre:

Nuestros padres son los que tienen relación más directa con la formación de nuestro cuerpo. Ese cuerpo que se formó como el nuestro en el seno de nuestra mamá como el de Jesús en el vientre de María embarazadas por el amor matrimonial de su esposo. Pareciera a veces que esto no tiene importancia para los hijos. De modo que es posible escuchar alguna vez el reproche, ustedes me trajeron a la vida así que están obligados a aguantarme como soy. Sin embargo el pensamiento  recto sabe que lo fundamental de toda nuestra dignidad y posibilidades humanas está en nuestro cuerpo. Un cuerpo igualmente  colmado de posibilidades como el que María y José dieron a Jesús. Lo de todos los días valernos de nuestro cuerpo, a veces nos hace perder la noción de la importancia que tiene la relación con nuestros padres, porque es como si realizado el proceso de nuestra concepción y el desarrollo elemental de la salud y la vida de los primeros años, la relación con ellos no influyera en nuestro crecimiento y desarrollo.

Pero el cuerpo no es solo lo material que con la riqueza de la naturaleza se basta a sí mismo después de las exigencias de los primeros meses o años del nacimiento , el cuerpo es también el vehiculo del espíritu, de la riqueza de nuestra interioridad y eso sigue necesitando de la presencia, la protección, y  la guía de los padres contando con nuestra predisposición para utilizarlas.                            Cuando nos fijamos y nos afligimos por las discapacidades corporales, a veces evadimos la preocupación por las discapacidades que cultivamos en nuestro interior como la incomprensión, la pereza, el menosprecio o discriminación, la deslealtad , todo  lo cual puede resumirse en lo que ya sostuvo Confucio y fue repetido por Jesús de hacer o no hacer a otros lo que nosotros quisiéramos o no quisiéramos   que nos hicieran a nosotros

Y en ese orden de cosas, creo que vivimos un tiempo en que se hace absolutamente necesario revalorizar la presencia activa de los padres junto a sus hijos, ya que se está probando que aunque se multipliquen los edificios, los libros y los progresos tecnológicos y científicos en general, se multiplica también  el lamento por la falta de educación que es el delicado y poderoso instrumento que es el cultivo de la fuerza y riqueza interior para hacer posible la desaparición de muchas fallas en las posibilidades de realización de todos los integrantes de la sociedad,

Voy a pedirles por eso un gesto que grabe la importancia del valor de la relación filial que cuenta con un fertilizante no muy fácil de encontrar que el amor que biológica y psíquicamente distingue  la relación paterno-filial.

 

 

 

 

 

 

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