Homilias DominicalesJosé Guillermo Mariani

Domingo 24 de Abril de 2011 – Pascua.- (ciclo “A”). Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema: (Ju.20,1-9)

De madrugada, todavía oscuro Magdalena va al sepulcro. Ve la tapa de roca retirada. Corre hacia Simón Pedro y el discípulo que Jesús amaba y les dice: se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto. Entonces los dos se fueron al sepulcro. Llegó primero Juan. Se asomó y vio las vendas en el suelo pero no entró. Cuando llegó Pedro entraron y vieron las vendas y el sudario que estaba enrollado en lugar aparte. Juan vio y creyó. Todavía no había comprendido que Jesús resucitaría de entre los muertos.

 

Síntesis de la homilía

Pascua, Jesús, el hombre en quien Dios se manifestó para darnos su noticia, venció a la muerte. ¿sabemos lo que es la muerte? Fuera de la disolución corporal y el cese de todas nuestras manifestaciones sensoriales y espirituales, no nos podemos aventurar a afirmar nada sobre ella. ¿Resucitó Jesús como resucitaron el hijo de la viuda de Naím, el servidor de Jairo, o Lázaro, convocados por él a la vida según los relatos evangélicos? En esos casos hubo al parecer una especie de reencarnación (en el sentido de recuperar el cuerpo) para seguir viviendo hasta la próxima y definitiva muerte. De acuerdo entonces, a los relatos y a la concepción de los primeros testigos, la resurrección de Jesús tiene dos características que aquellas no tuvieron. Las apariencias del cuerpo de Jesús no fueron las de antes. No lo reconocían, sino en su mensaje. Y no volvía a la vida para morir después. Era una recuperación sin vuelta atrás. Además (esto en segundo lugar aunque quizás sea lo más importante) en Jesús los discípulos, y Pablo en especial, vieron el anticipo de la resurrección de todos los seres humanos. Hombre nuevo, semilla de una humanidad nueva. De esto se deduce con bastante facilidad que la figura, la energía, la conducta de Jesús quedaron injertadas en las historia humana.

Y de allí pasamos al concepto de una resurrección que no implica una recuperación del yo corporal a través del que manifestamos nuestros pensamientos y emociones, sino una realidad nueva, común, que se realiza en la presencia y comunicación de un Dios mezclado y comprometido con la humanidad a través de Jesús de Nazaret.

Hacia esa realidad marchamos. Pascua es el pasado para este presente y este presente para el futuro. Pascua es realidad comenzada en Jesús y prolongada por sus seguidores en marcha hacia la Pascua completa, abarcativa con su fuerza, de toda la historia, de todos los hombres con sus propias historias, envueltas y potenciadas por la presencia y el amor del Dios de Jesús de Nazaret.

Ésta es la perspectiva cristiana de la Pascua, que en muchos detalles coincide con las de otras grandes religiones cuando sus propias historias no se han contaminado con el poder, el dominio y el dinero. Infierno y cielo son imaginaciones moralizantes para lograr corrección de conductas o sumisión a intereses diversos.

Esa imagen de la Pascua futura con la justicia de Dios cumplida de distintos modos en cada persona y cada acontecimiento, no se distingue del amor que compensa con la colaboración de todos, las deficiencias parciales, en esa pascua futura.

 

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