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Domingo 14 de abril de 2013 – 3ro. de Pascua (ciclo”C”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema(Juan 21,1-9)

A orillas del mar de Tiberíades Jesús se apareció una vez más a los discípulos.  Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado el Mellizo, Natanael de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo “voy a pescar” y ellos dijeron: “vamos también nosotros”. Se embarcaron, pero esa noche no pescaron nada. Al amanecer Jesús estaba en la orilla sin que los discípulos lo reconocieran. Les gritó: Muchachos! ¿tienen  algo de comer? Como ellos respondieron que no, les dijo: Tiren las redes a la derecha de la barca y allí encontrarán. Ellos  obedecieron y la red se llenó tanto de peces que les costaba arrastrarla.

El discípulo más querido de Jesús dijo entonces a Pedro: ¡Es el Señor! Pedro  apenas lo oyó se vistió y se tiró al agua. Los otros llegaron en la barca arrastrando la red porque estaban sólo a unos cien metros de la orilla. Al bajar a tierra vieron que había un fuego encendido, un pescado sobre las brasas y también pan.

 

Síntesis de la homilía

Aunque seguramente Juan el apóstol, no es el redactor del 4to. evangelio, el discípulo que asume esta tarea es muy fiel a las enseñanzas recibidas de su maestro.  El relato está por eso, cargado de un clima de afecto y comprensión, que infunde optimismo en los protagonistas y los lectores.

En la enumeración de los presentes hay un detalle que no hay que perder: Simón y los hijos de Zebedeo con los más cercanos a Jesús habitualmente. Los otros dos anónimos, han sido atraídos por la figura del Maestro. Pero Tomás y Natael son identificados especialmente. Los dos tienen en común la incredulidad que han vivido y expresado en algún momento.  “Si no lo veo y meto mis manos en sus llagas , no lo voy a creer”(Tomás) y “¿ de Nazaret puede salir algo bueno? (Natanael). Este detalle sugiere la intencionalidad del relato que es superar las vacilaciones y dudas que viven algunos miembros de las comunidades originales.

El episodio que copia uno muy parecido de Lucas (5) al comienzo de la predicación de Jesús, se encamina a restablecer la confianza de sus seguidores en el cumplimiento de la misión que les ha sido encomendada como prolongación de la recibida del Padre por el mismo Jesús. Aquí también es la indicación de Jesús la que los salva del fracaso de la pesca. Ciertamente en la Iglesia necesitamos constantemente renovar esa confianza. Es indispensable primero, decidirse como Pedro a encarar la misión o a acompañar su trabajo en búsqueda del cumplimiento de lo encomendado. Las indicaciones que provienen de un desconocido que est á a la orilla del Lago son escuchadas humildemente por los tripulantes de la barca. Y es que la Iglesia tiene que estar atenta a las indicaciones que le llegan desde la otra orilla, porque muchas veces son las de Jesús mismo. Así los hizo Juan XXIII cuando desde la barca puso atención al clamor del mundo pidiendo una actualización del rumbo de la Iglesia para responder a la realidad.

Y nosotros, como iglesia (convocados y seguidores) también tenemos que estar atentos, ayudándonos unos a otros y aprovechando desde cualquier nivel en que nos encontremos las sugerencias de quien sabe más por amar más.

La expresión que recoge Juan en el llamado de Jesús:”muchachos!” tiene toda la familiaridad y calidez de alguien que ama y aprecia. Y muchas veces los requerimientos de la gente que busca a la iglesia tiene también la confianza y el aprecio a su realidad como prolongadora del mensaje y el testimonio de Jesús.

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