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Domingo 12 de Junio de 2011. Festividad de Pentecostés (ciclo”A”). Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Jn 20, 19-23)

Los discípulos están encerrados y con miedo. Es el primer día de la semana. Jesús  llega y los saluda deseándoles paz. Les muestra las manos y el costado. Los discípulos se alegran al verlo. Les dice nuevamente Paz con ustedes como el Padre me envió yo los envío a ustedes. Y sopló sobre ellos diciéndoles: reciban al Espíritu Santo. A quienes libren de pecados quedarán libres y a quienes se los retengan  seguirán siendo prisioneros.

Síntesis de la homilía

Breve introducción exegética: Es evidente la disparidad del relato de Lucas en los hechos con el de Juan que acabamos de leer. Pentecostés es fiesta superpuesta a la fiesta judía de las semanas. 50 días después de pascua y el comienzo de la cosecha.

Al   finalizar la recolección de los granos  el sacerdote ofrecía dos hogazas de pan hecho con la harina nueva, junto al sacrificio de animales. Fiesta de alegría y agradecimiento. También se unía el recuerdo de la llegada del pueblo al Sinaí con la entrega de las tablas de la Ley.

Hay preocupación en la comunidad de Juan por una herejía en marcha que niega la corporeidad del resucitado. Por eso muestra manos y costado.

Soplar es un gesto simbólico que significa la trasmisión de un nuevo espíritu para cumplir una misión muy importante de acu8erdo con la voluntad del Padre. El perdón de los pecados. La liberación de los males que afligen a los hombres. No hay relación con la confesión auricular de origen tridentino.

Reflexión: Hay una realidad que aprieta la historia personal y social de los hombres, el dolor, el fracaso, la enfermedad, las separaciones, las rivalidades, la muerte. Realidad dura y en ocasiones insoportable, que clama por ser remediada. En ese contexto se realiza la historia de Jesús de Nazaret como liberador de todos los que encuentra a su paso esclavizados por esas circunstancias que obedecen tanto a las limitaciones naturales como a las intervenciones desacertadas de los seres humanos. El espíritu, el plan, la voluntad, el proyecto del Dios Padre revelado por Jesús, es la supresión de esos males, con la fuerza de un compromiso como el suyo.

El soplo recuerda el soplo de vida de la creación del hombre. Destinado a hacer un hombre nuevo.

Ese episodio se repite cada vez que en la comunidad de seguidores de Jesús acontecen hechos que remedian necesidades, alivian dolores, remueven estructuras de egoísmo y opresión cambiándolas por otras de justicia y fraternidad. Como un soplo, se injerta en la historia, la humanidad nueva. El amor inconmensurable del Padre actúa a través de individuos, comunidades y acontecimientos que causan esas liberaciones, renuevan esperanzas y alientan el camino de los seres humanos.

Estar alertas para descubrir las acechanzas contra la dignidad y felicidad humanas

es darle presencia el espíritu de Dios para seguir cumpliendo la misión que aceptó Jesús como enviado por el Padre y encomendó también a sus discípulos.

No se trata entonces de un poder concedido a algunos, sino de una responsabilidad cargada sobre todos.

 

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