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Reflexión Domingo 13 deNoviembre de 2011 – 33 durante el año litúrgico (ciclo “A”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Mt. 25,14-40)

Una parábola para los discípulos: El reino de los cielos es semejante a un hombre que al salir de viaje llamó a sus servidores para confiarle sus bienes. Le dio a uno cinco talentos, a otro dos y a otro sólo uno teniendo su capacidad. Enseguida los que habían recibido más negociaron y doblaron el capital, pero el que recibió uno solo hizo un pozo y enterró el dinero. Cuando volvió, vino  el primero y le entregó diez talentos. Y el señor le dijo ¡Muy bien, te voy a entregar mucho más. Entra a mi casa! Lo mismo sucedió con el dos. Luego vivo el que había recibido uno y le dijo “señor yo  sé que eres exigente, que recoges donde no has sembrado y cosechas donde no has esparcido, así que enterré tu talento. Aquí lo tienes. Y el hombre respondió : Servidor perezoso, si sabes que soy así ¿por qué no entregaste el dinero en préstamo para que yo lo hubiera recogido con intereses? Y ordenó: quítenle el talento y dénselo al que tiene diez porque a quien tiene se le dará y tendrá mucho más

Síntesis de la homilía

Esta es una parábola capìtalista. Todo se basa en la posesión y aumento del dinero.

Un talento equivalía a 34 kgs. de oro. Era habitual que los ricos empresarios del campo que habían adquirido muchos bienes se entregaran a viajes fastuosos, dejando encomendadas sus posesiones al personal de servicio. La interpretación de que en el reino de los cielos  hay que hacer valer las posesiones para la mayor producción y ganancia, olvida que estas fotografías de la realidad que son  las parábolas, son impactos para sacar conclusiones de los detalles principales, y  de ninguna manera justificación de conductas reales del momento, a las que ellas hacen referencia,

En ese sentido el eje de la parábola se fija en la reprensión al servidor perezoso que tiene una explicación justificante bastante satisfactoria. El insaciable y hasta injusto proceder del dueño que solamente exige e impone. Y el final es manifiestamente un acto de injusticia. Al que es menos y puede menos lo expulsan y castigan, quitándole previamente el talento confiado.

Con estos relatos se puede entender que la parábola es una semejanza con el reino de los cielos, si los “talentos” de que se habla, son los valores del reino: la verdad, la sinceridad, la generosidad de compartir, la comprensión, la indiscriminación, la fraternidad. Las circunstancias y capacidades de cada uno determinan la cantidad de riquezas de que cada cual dispone para administrar. Y la peor y más estéril de las motivaciones, es la de pensar que el Dios, testigo insobornable de nuestras acciones, es tan exigente, castigador e inclemente que más vale  la pena no comprometerse, dejar que las cosas sigan como están, resignarse a que todas las deficiencias humanas sigan arruinando las vidas de todos o de muchos.

La máxima capitalista que se fija en la acaparación y el productivismo, se transforma entonces en la preocupación por construir el reinado de Dios predicado y practicado por Jesús, del modo que cada uno tiene al alcance de sus posibilidades.

Una advertencia para estos tiempos en que el termómetro del avance o retroceso social, de la crisis o del éxito tiene la medida exclusiva de los bienes materiales. 

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