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Soja y cáncer. Por Guillermo “Quito” Mariani

No es que la soja produzca cáncer si se come, si se inyecta, si se respira. Todavía las mezquinas  investigaciones no han aportado más que la “sospecha” de que pueden producirse distintas patologías por el simple consumo, como irregularidades hormonales infantiles, alergias o alteraciones genéticas. No. Se trata de un alimento rico en proteínas, que puede constituir una de las soluciones para el hambre en el mundo. Lo de transgénico significa simplemente que la constitución natural ha sido alterada por el añadido de especies genéticamente diversas, que aumentan su rendimiento y su resistencia al glifosato, pero que acarrean secuelas todavía no especificadas “científicamente” en su gravedad. Pongo entre comillas el “científicamente” porque la experiencia mundial con las estadísticas que dan cuenta de los efectos producidos, también son dato científico aunque no sea apreciado como tal, en los juicios que por una cantidad de enfermedades mortales, se han iniciado contra los fumigadores con agrotóxicos en la periferia de los centros poblados.

El caso de un  inquilino de Mayu Sumaj, al que un empresario sojero quería desalojar por la proximidad de un campo para sembrar soja, es tremendamente aleccionador. Las palabras del propietario fueron terribles: si no te desaloja la ley te va a desalojar el glifosato. Y así fue. Los aviones fumigadores pasaron por encima de su casa y bastaron pocos meses para que aparecieran, después de las primeras dificultades respiratorias, los síntomas de la leucemia.

En estos días ha sido noticia (difundida por muy pocos medios ¡cuántos viven de la soja!) el caso de una pequeña población rodeada de cultivos de soja, fumigados constantemente con glifosato y endosulfan en la que el director de un hospital hablaba de que lo habitual era, hasta hace dos años, que una persona por año en la pequeña población fuera afectada por el cáncer. En la actualidad son 30 los que o padecen o han muerto a consecuencia de esa enfermedad.

El caso más conocido entre nosotros, es el de barrio Ituzaingó en que las madres (valientes como siempre) no descansaron hasta iniciar un juicio contra los sojeros (con nombre y apellido) que fumigaban sin ninguna limitación los campos cercanos produciendo una cantidad de alteraciones de salud sobre todo en la población infantil y contrariando impunemente la prohibición del art. 58 de la Ley 9164 (que prohíbe las fumigaciones con endosan y glifosato a menos de 1.500 mts. de los lugares poblados. Recién en Febrero de 2012 se iniciará el juicio después de que en el 2002 arrecieran las denuncias por la cantidad extraordinaria de muertos por cáncer (200).

Nos preguntamos, señores empresarios sojeros que pasean triunfalmente sus cuatro por cuatro y cortan rutas para no pagar retenciones porque esto los empobrece ¿No les resulta suficiente ganar dinero a montones con el auge del precio de la soja y su exportación? ¿son capaces de afrontar la calificación de “asesinos” que caerá necesariamente un día sobre ustedes y su riqueza, si continúan mirando  despectivamente a los que se mueren envenenados por sus agroquímicos? ¿seguirán obsesivamente aumentando el peso de sus bolsillos antes que ceder al peso de sus conciencias?

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