Carlos LombradiCon Usted al Paso

Doctrina social de la Iglesia: una ideología. Por Carlos Lombardi

Karl Popper sostenía que “los que no están dispuestos a exponer sus ideas a la aventura de la refutación no toman parte en el juego de la ciencia” (1).

La posibilidad de considerar a la Doctrina Social de la Iglesia como una ideología no es nueva.

La cuestión fue abordada por teólogos de la talla de M. D. Chenu en su obra “La doctrine sociale de l’Église comme idéologie”. En ella criticaba no sólo el método deductivo que utiliza dicha Doctrina, para nosotros, principal causa de su fracaso e inaplicabilidad. Sostuvo que “a menudo sirvió, y sirve todavía, de respaldo ideológico a quienes, detentando el poder económico y político, procuran mantener el statu quo”.

Es lo que ocurrió recientemente en Honduras cuando tras el golpe de Estado perpetrado por la derecha política con el respaldo dela Conferencia Episcopalde ese país, el presidente Porfirio Lobo manifestó quela Doctrina Social Cristiana sería el “fundamento en la acción del gobierno” (2); mientras el cardenal golpista Rodríguez Madariaga prometía una “regeneración moral” en ese país conforme los postulados católicos (3).

El catolicismo está fragmentado, y esa división también se refleja en las opiniones relativas a la cuestión. Están aquellas que consideran que la DSI no es una ideología, como la de los obispos latinoamericanos en el Documento de Puebla, donde manifestaron: “Ni el Evangelio nila Doctrina o Enseñanza Social que de él proviene son ideologías. Por el contrario, representan para éstas una poderosa fuente de cuestionamientos de sus límites y ambigüedades. La originalidad siempre nueva del mensaje evangélico debe ser permanentemente clarificada y defendida frente a los intentos de ideologización” (Nº 540).

También los papas se expresaron en ese sentido: “La fe cristiana se sitúa por encima y a veces en oposición a las ideologías en la medida en que reconoce a Dios, trascendente y creador, que interpela a través de todos los niveles de lo creado el hombre como libertad responsable” (4). Juan Pablo II siguió el mismo criterio en la encíclica “Sollicitudo rei socialis” (Nº 41).

Aquellas posiciones contienen dos errores: 1) el evangelio (como lo presenta la iglesia católica), no viene en estado puro, aséptico, sino con un contenido político, social y cultural muy marcado ya que relata características de las sociedades antiguas: organización de los gobiernos, autoridad política, rol de la mujer, trabajo; 2) un intento autoritario y soberbio de situarse “por encima y a veces en oposición a las ideologías”, como advirtiendo que el pensamiento católico contiene elementos que lo harían “superior” a los demás.

Ahora bien, que papas y obispos afirmen quela DSI no es una ideología no significa garantía alguna de certeza.

Hay otras opiniones dentro del colectivo católico que sí consideran a la DSI como una ideología. Destacan el “sistema de ideas”: “Cuando se despoja al concepto de “ideología” de toda connotación peyorativa o ligada a intereses, el vocablo ideología toma el sentido de conjunto o sistema de ideas acerca de una o más cuestiones. Por ende, con esta acepción, no hay por qué negar que la Doctrina Social de la Iglesia contiene y expresa una ideología en lo que viene a ser la sumatoria de ideas en torno de principios y valores que se relacionan con las materias propuestas por el magisterio” (5).

En similar línea Mario P. Seijo. “Hay así una ideología liberal que explicita los principios y la doctrina liberal. Así como hay una ideología marxista que explicita los principios y la doctrina marxista. Como también hay, gracias a Dios, una ideología social cristiana que responde a los principios y a la Doctrina de la Iglesia” (6). Esta última definición distingue la Doctrina Social de la Iglesia de la Doctrina Social Cristiana.

Sin perjuicio de aquellas posiciones dicotómicas, paradójicamente fueron los propios obispos latinoamericanos quienes, con su definición de ideología plasmada en el mencionado Documento de Puebla, confirmaron el carácter ideológico dela DSI: “Llamamos aquí ideología a toda concepción que ofrezca una visión de los distintos aspectos de la vida, desde el ángulo de un grupo determinado de la sociedad” (Nº 535).

Conforme esa definición toda ideología contiene: a) una concepción, idea o pensamiento, b) una visión, perspectiva o punto de vista de los diversos aspectos de la vida de los hombres, c) la elaboración por un grupo determinado de la sociedad.

Y los tres aspectos pueden aplicarse ala DSI: a) un corpus doctrinal; b) un punto de vista de los diversos aspectos de la vida de los hombres (persona, matrimonio, familia, trabajo, economía, comunidad política, poder político, comunidad internacional); c) elaboración por un grupo determinado de la sociedad. En el caso que nos ocupa, la DSI es elaborada exclusivamente por los obispos católicos, no hay participación del laicado en su elaboración. Esos presupuestos pueden ser completados por otros que suministra la ciencia política, también presentes en la DSI, a saber: 1) una interpretación de la historia; 2) un sistema de expectativas o programa de realizaciones futuras, y 3) un método de acción.

Es decir, desde el pensamiento de los obispos y desde la ciencia política se establecen los presupuestos necesarios que permiten identificar a la DSI como una ideología más. Y hay otro factor que es fundamental: la sensibilidad a los cambios sociales.

Las ideologías se encuentran históricamente condicionadas por la estructura social y económica de las sociedades. De manera que cualquier cambio estructural, por minúsculo que sea, influye en la actualidad o vigencia de una posición ideológica, la convierte en actual o en inactual, hace de ella un instrumento reaccionario o revolucionario, la transforma en la imagen de un orden social deseable o aborrecido (Fayt). Eso es precisamente lo que ocurre con la visión que la DSI tiene, por ejemplo, de la familia, el matrimonio, el papel de la mujer en la sociedad. Es una visión inactual, reaccionaria, superada históricamente. Visión que vastos sectores del catolicismo tampoco aceptan.

Y si desde la perspectiva teórica la DSI es una ideología, la experiencia y práctica de los grupos religiosos no deja lugar a dudas. El integrismo (colectivo que gobierna actualmente la institución católica), ha instrumentalizadola DSI en cuestiones de naturaleza política, social y cultural. Se observó el año pasado cuando extremistas católicos se opusieron a una ley laica: la del matrimonio igualitario.

Pretenden imponer su visión a toda la sociedad, creyentes y no creyentes, católicos y no católicos. Es una visión totalitaria con pretensiones de convertir a la iglesia católica en una organización con poder de veto (una pequeña muestra fue el acto de censura de un cura en la localidad mendocina de Malargüe), y a los gobernantes y legisladores elegidos democráticamente en títeres de un monarca absoluto, el Papa, jefe de un Estado extranjero.

Los genes totalitarios y dominantes de la DSI, que el integrismo se encarga de resaltar sin ningún tipo de escrúpulos, fue advertido por el filósofo italiano Paolo Flores D’Arcais al abordar la posición ideológica de Juan Pablo II. También es sostenido por el progresismo católico que habla de la “teología de la dominación”, con pretensiones de imponer a las sociedades laicas y plurales un modelo de sociedad excluyente y teocrático. Pero este es un tema para otro artículo.

Resulta claro entonces que, desde la teoría como la experiencia y la praxis,la Doctrina Social de la Iglesia es una ideología más. La cuestión de la “trascendencia” no entra en el análisis por ser inverificable. Para Marcos Ghio las ideologías son en el fondo como las religiones aunque de carácter secular. Implican “una fe, que si bien carece de una aceptación de un Dios y de la trascendencia”, sin embargo mantienen “el fondo irracional y fanático” propio de todas las religiones. (7).

2. La “ideología democrática”

La otra cuestión abordada por el autor es lo que denomina “ideología democrática”. De ella destaca una serie de “graves problemas”, de los que sólo nos interesan los siguientes:

a) “2. Es formadora de una mentalidad relativista, escéptica, negadora del orden natural objetivo y trascendente y que entrega toda la regulación de la vida humana a la tiranía del número (aborto, eutanasia, homomonio, etc.)”.

Sin embargo, lo que el autor llama “mentalidad relativista” es nada más y nada menos que el pluralismo ético que debe existir en una sociedad laica, democrática y diversa donde la “verdad” (auténtica obsesión del integrismo católico), no es propiedad de nadie, sino una búsqueda y construcción de todos los ciudadanos. Lo contrario es caer en la tiranía de los ayatolás y papas que dicen poseer “verdades absolutas”. Es decir, es caer en un nuevo totalitarismo, en este caso, religioso.

El tan mentado “orden natural objetivo y trascendente” -mito de legitimación del discurso de las dictaduras militares de Argentina, Chile y Uruguay, según Miguel Rojas Mix-, es una elaboración teórica que sirve de instrumento de dominación y de anulación de la autonomía de mujeres y varones que deberían hacer la genuflexión a los “representantes” terrestres de aquel “orden natural”. Es uno de los fundamentos del totalitarismo católico.

Lo que el autor llama “tiranía del número”, no son otra cosa que los representantes que las mayorías eligen mediante métodos democráticos y que tienen la responsabilidad de gobernar para todos, creyentes y no creyentes, a fin de solucionar los problemas sociales no con el catecismo católico sino conla Constitución y políticas públicas laicas. Porque los problemas sociales (los ejemplos del autor fueron el aborto, la eutanasia, el “homomonio”), son problemas laicos que deben recibir una solución laica, coincidan o no con las religiones.

b) “3. Toda actividad intelectual es puesta al servicio de la producción de modelos propuestos por la imaginación a la voluntad de poder, que tratará de traducirlas en realidad”. Sin embargo, lo mismo pasa con la ideología católica cuyo modelo social – que pretende imponer a la sociedad laica, es calcado del actual modelo excluyente que impera en esa institución donde vastos sectores han sido expulsados o bien, libremente, se han retirado en un éxodo silencioso. Dicho modelo viola sistemáticamente derechos humanos elementales.

c) “5. La destrucción de los lazos que unen al hombre a lo real, a las entidades naturales, empezando por la familia, genera individuos desarraigados, en los que disminuye el sentido familiar, religioso, patriótico, que deben enseñar la familia -escuela de educación política- y las comunidades intermedias”.

La “ideología democrática” sería causa de la destrucción de los lazos familiares. Pero ¿A qué tipo de familia se habrá referido el autor? ¿Al modelo de familia acorde con la ideología católica, llamada “tradicional”? ¿O a los nuevos modelos de familia? Un nuevo ejemplo de la visión ideologizada de la DSI. El problema aquí es que son los propios bautizados los que no avalan ni viven conforme a ese modelo elaborado por los “expertos” en familia, es decir, a sujetos que renuncian a enamorarse y a tener hijos.

d) “6. El Estado termina siendo -en camino de destrucción o ya destruidos los cuerpos intermedios- policíaco, armado de un arsenal de leyes y reglamentos encargados de dar sentido a las conductas imprevisibles y aberrantes de los ciudadanos”.

Sin embargo, ¿No hace lo mismo la DSI y la oligarquía vaticana violando las conciencias de los católicos practicantes y de quienes no lo son? ¿No cumple la función de “policía” de las conciencias, cuando nadie le ha pedido su intervención? ¿Qué significó el ilegal acto de censura de un cura católico en el sur de Mendoza sino un acto “policíaco” de las conciencias y las libertades laicas?

Como sostiene Fernando Savater, “las autoridades religiosas no son autoridades morales ni legales: pueden establecer lo que es pecado para sus feligreses, no lo que ha de ser delito para todos los ciudadanos ni indecente para el común del público” (8).

e) “8. El poder económico –”la fortuna anónima y vagabunda”– dirige tras las tablas los hilos de los gobiernos considerados democráticos”.

Sin embargo, es el mismo poder económico anónimo lo que permite al catolicismo integrista existir. Es el poder económico de grupos como la secta franquista Opus Dei (con fuertes notas del nacional-catolicismo español), o el colectivo fundado por el pedófilo Marcial Maciel llamado “Legionarios de Cristo” (eufemísticamente “Millonarios de Cristo”), quienes entre otros mantienen las estructuras y organización de la última monarquía absoluta del planeta, digitando también el nombramiento de sus papas y obispos.

La interpretación de la historia que conlleva la Doctrina Socialdela Iglesia como ideología tiene un denominador común: los presagios de tiempos apocalípticos en tanto y en cuanto las sociedades y los Estados, las mujeres y los varones no se sometan con obediencia de cadáver a los dictámenes de las oligarquías teocráticas, depositarias de “verdades absolutas”.

El problema para ciertos sectores del catolicismo (que incluye los dos estamentos medievales, clérigos y laicos), es que no demuestran vivir ni creer en el “ethos” del laico y judío Jesucristo, conforme lo sostenido por el teólogo católico José María Castillo. Están aferrados a la religión (convertida en ideología); no a la fe de Cristo como opción de vida. Nada cristiano tienen para decirle a la sociedad.

Es por eso que un sacerdote católico (perseguido por la inquisición vaticana), dijo: “El que piensa como marxista, no piensa; el que piensa como budista, no piensa; el que piensa como musulmán, no piensa… y el que piensa como católico, tampoco piensa. Ellos son pensados por su ideología. Tú eres un esclavo en tanto y en cuanto no puedes pensar por encima de tu ideología. Vives dormido y pensado por una idea” (9).

NOTAS

(1) Citado por Agustín Gordillo, Introducción al Derecho, Fundación de Derecho Administrativo, Buenos Aires, 2000, p. II-2).

(2) www.religionenlibertad.com/index.asp?fecha=30/01/2010 –

(3) www.zenit.org/date2010-02-08?l=spanish –

(4) Papa Pablo VI, Carta Apostólica Octogesima Adveniens, Nº 27.

(5) BIDART CAMPOS, Germán. J., Doctrina Social de la Iglesia y Derecho Constitucional, 1ª ed., Buenos Aires, Ediar, 2003, p. 10.

(6) Doctrina Social de la Iglesia y Doctrina Social Cristiana, Buenos Aires, Ed. Ciencia Razón y Fe y Ed. Club de lectores, 1995, p. 17.

(7) Pinkler Leandro (compilador), La religión en la época de la muerte de Dios, Parte IV “Religión y Geopolítica”, 1ª ed. 2ª reimp. Bs. As., Marea, 2009, p. 222.

(8) Savater, Fernando, Diccionario del ciudadano sin miedo a saber, 1ª ed., Barcelona, Ariel, 2007, p. 40.

(9) Antonhy de Mello.

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