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Homilías Dominicales. Domingo 14 de Julio de 2013 – 15 del año litúrgico. Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema(Lc.10,25-37)

Un doctor de la ley preguntó a Jesús: Maestro ¿qué tengo que hacer para alcanzar la vida eterna? Jesús le preguntó ¿qué esta escrito en la Ley? ¿qué lees en ella? El respondió “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas, con todo tu espíritu y a tu prójimo como a ti mismo” has respondido exactamente,

le dijo Jesús.-Obra así y alcanzarás la vida.

Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención le hizo otra pregunta ¿y quién es mi prójimo^? Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en  manos de una banda de asaltantes que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron dejándolo medio muerto. Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo. También pasó por allí un levita, lo vio y siguió su camino. Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él lo vio y se conmovió. Se acercó, vendó sus heridas cubriéndolas con aceite y vino. Después lo puso sobre su monta lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo. Al día siguiente sacó dos monedas de plata y se las dio al dueño del albergue diciéndole:”Cuídalo y lo que gastes de más yo te lo pagaré al volver”

¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por ladrones?

“El que tuvo compasión de él” respondió el escriba. “ve tu y procede de la misma manera” concluyó Jesús.

 

Síntesis de la homilía La pregunta del escriba pone en cuestión el sentido definitivo de la vida humana. Y él mismo encuentra la respuesta en la Ley de Moisés, en que se habla de un amor vivido con toda la riqueza  interior. Creo que es importante notarlo porque la acción del amor no siempre tiene las mismas exigencias y características. A veces debe ser expresión de energía, resistencia, reprensión, oposición, aunque lo que entendemos por amor sea a veces sólo la de de ternura. El amor siempre supone ponerse en lugar del otro y así se extiende también desde el amor a Dios al del prójimo.

La parábola, como todas las de Jesús, recoge trozos de la realidad de su tiempo. La inseguridad de los caminantes estaba siempre en vigencia por las distintas bandas de salteadores que aprovechaban la soledad de los caminos y la opresión y pobreza que vivía gran parte de la población durante la ocupación romana.

Y el relato tiene más que el hecho delictivo, el sentido de expandir la noción de prójimo por encima de la concepción religiosa que consideraba como tal, en la mentalidad judía al que pertenecía de hecho y derecho al pueblo escogido.

Que el hombre que bajaba a Jericó fuera judío, porque venía de Jerusalén hace más inadmisible la indiferencia del sacerdote y el levita que bajaban de ejercer sus funciones cultuales honrando a Yahvé. El samaritano llevaba seguramente otras preocupaciones, pero éstas no llegaron a obnubilar su sentido humano de compasión y solidaridad. Ni el sacerdote ni el levita descienden de su lugar de privilegio, el servicio del templo, para ayudar a la víctima. Sí lo hace el samaritano, de su cabalgadura. La noción de prójimo, además de ampliarse aquí hacia lo universal (todo hombre es mi prójimo) se especifica en el que necesita, aunque no esté comprendido entre los familiares, los amigos o los que piensan lo mismo y coinciden en sus intereses.

Esta ruptura con la noción descomprometida de “prójimo”, se torna característica del cristianismo y por eso no queda limitada a las intervenciones personales a favor de los necesitados de cualquier índole, sino que se extiende al universo social para interesarse y buscar las causas de toda pobreza y esmerarse por suprimirlas o colaborar con quienes emprenden esa costosa tarea.

La rivalidad tan fuerte, de origen netamente religioso y por eso tan intensa, que separaba a samaritanos de judíos, y se explica por circunstancias históricas concretas, da  más sentido revolucionario de cambio para el reino, en la parábola de Jesús.

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