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Homilías Dominicales. Domingo 19 de junio 2016 – 12mo. Durante el año Ciclo “C” Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Lc. 9,18-24)

Un día que Jesús oraba a solas y sus discípulos llegaron a él, les preguntó ¿Quién dice la gente que soy yo?. Ellos respondieron : Para algunos eres Juan bautista y para otros alguno de los antiguos profetas que ha resucitado.

Pero, para ustedes, les dijo ¿quién soy yo? Pedro, tomando la palabra, respondió: Tú erea el mesías de Dios. Y él les ordenó severamente que no dijera eso a nadie. El hijo del hombre, les dijo debe sufrir mucho, será rechazado por los ancianos los sumos sacerdotes y los escribas y condenado a muerte para resucitar al tercer día  Después, dijo a todos: El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga, porque les digo que el quiera salvar su vida la perderá y el que la pierda por mí, se salvará-.

 

Síntesis de la homilía

El centro de este relato es, sin duda Pedro. Ya están funcionando las primeras comunidades y, además de las opiniones de la gente de fuera sobre este maestro itinerante tan original en muchos de sus actos y palabras, es necesario recordar que no se trata simplemente  de un Juan para vengar  la muerte del bautizador, ni de la repetición de los personajes proféticos que había tenido la historia de Israel.

Los judíos convertidos y los paganos que habían aceptado el cristianismo debían tener claro que se daba un quiebre en la historia, un giro fundamental  en la `presentación de Dios en su relación con el hombre para producir  también un cambio fundamental en las relaciones humanas.  El diálogo armado por Lucas y extraído de Mateo lleva ese primer objetivo. Jesús es el mesías: el enviado para cambiar.  Pero además las nacientes comunidades en peligro constante de desviaciones ideológicas o conductuales, debían tener claro que había una conducción  ejercida por mandato de Jesús (de acuerdo al texto de Mateo) por la persona de Pedro. A eso se debe que Pedro tome la palabra en nombre de todos.

Pero también es válida la advertencia: no lo anden proclamando por allí.  En la circunstancia vivida por Jesús, la advertencia valía porque hacer  esa  manifestación que podía llegar a oídos de las autoridades judías o romanas traía grave compromiso para seguridad y la vida de Jesús y del grupo. Y se trata de una convicción que tiene que acompañar el compromiso de entregarse al logro de una realidad mejor en el contexto humano.

Junto con esos objetivos, en un contexto de persecución, Lucas advierte que la convicción de que las comunidades son gestoras de un cambio radical en la sociedad de entonces, no puede prescindir de la advertencia de que estar comprometido con la causa de Jesús siguiéndolo como el enviado, es definitivamente riesgoso.

No obstante, como nos suele suceder cuando estamos entusiasmados por una causa que creemos justa y beneficiosa, nos cuesta aceptar que suscite oposición, enfrentamiento y mucho menos, odio a muerte” como lo que describe Jesús, los discípulos no daban demasiado importancia a las previsiones del maestro, al quw  ya habían visto ·”escaparse” en varias oportunidades.

Por eso el evangelista cierra este breve relato con una advertencia general, aplicable al seguimiento de Jesús y a lo que nosotros llamamos el compromiso cristiano que no sólo se asume con la pertenencia a la iglesia o el cumplimiento de  diversas devociones o ritos sino que exige una búsqueda constante de los valores auténticamente humanos y sociales para estar alertas en su defensa y promoción con perseverancia obstaculizada por intereses y sistema sociales, armados para ocurecer o suprimir la vigencia de esos valores.

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