Homilias Dominicales – Domingo 17 de Junio de 2012 – 11 durante el año litúrgico (ciclo “B”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Mc.4 26-34)

Decía Jesús: escuchen esta comparación con el reino de Dios. Un hombre esparce la semilla en la tierra y ya duerma o esté despierto, sea de noche o de día, la semilla brota y crece, sin que él sepa cómo. La tierra da fruto por sí misma: primero la hierba, luego la espiga, y por último  la espiga se llena de granos. Y cuando está maduro, llega el tiempo de la cosecha. Dijo también: ¿a qué se parece el reino de Dios? Es semejante a una semilla de mostaza. Al sembrarla es la más pequeña de todas pero después crece y se hace más grande que las plantas de huerto y los pájaros buscan su sombra. Jesús usaba muchas comparaciones como éstas para anunciar la palabra. Y a sus discípulos se las explicaba en privado.

 

Síntesis de la homilía

No se trata de un reino impuesto por tácticas o estrategias humanas de poder e imposición. Corre por cuenta del sembrador elegir y esparcir la semilla. Y por cuenta de la tierra, el recibirla y acogerla. Todo eso queda especificado en los versículos anteriores que contienen la parábola del sembrador. Pero aquí se especifica la característica que tiende a solucionar nuestra impaciencias y ansiedades que nos llevan a recurrir a la tác- ticas humanas  que ignoran la verdad y violan los derechos de los demás con el sólo objetivo de conseguir el resultado buscado. Así sucedió y sucede con el proselitismo eclesiástico.

La semilla sembrada con buena voluntad y constatación de que resulta para bien  y felicidad compartida, lleva en sí misma una fuerza, la fuerza creativa del amor de Dios injertado en su creación. Y aunque parezca que lo sembrado se perdió en las profundidades del corazón humano, seguramente seguirá su proceso de crecimiento.

Es la convicción de todos los educadores con visión de futuro. Es la visión esperanzada que alienta todos los compromisos y entregas.

La segunda comparación  que aparece como trabajosamente buscada en la imaginación de Jesús, tiene que ver con una semilla que es casi polvo y sin embargo crece hasta cobijar a los pájaros del cielo. ¿disponemos nosotros de esa semilla tan pequeñita que parece inasible? Sí! Es nuestra fe. Parecerá extraño porque muchas veces oímos hablar de una fe tan grande que pueda mover montañas. Y sin embargo la verdadera fe la que se afirma y compromete con la Palabra-vida que es Cristo, es pequeñísima. Porque está rodeada de dudas. Porque se reduce a una sola y definitiva propuesta que es el evangelio del reino. EL dios que es amor, nos ama, y retribuimos y hacemos eficaz su amor cuando nosotros amamos a nuestra alrededor. Todo lo demás, que hacemos motivo de creencia porque no entendemos, no es fe, sino sustitutivo de la fe. Así por ejemplo cuando en lugar de cultivar la seguridad de que Dios nos ama recurrimos a intercesores y promesas para lograr ese amor y repetimos cadenas de oraciones esperando que estas liberen la indiferencia de Dios frente a los acontecimientos humanos, estamos al mismo tiempo que desconfiando de Dios, apartándonos de ese punto pequeño como el grano de mostaza pero que contiene la fuerza del reino, el amor de Dios. Esa seguridad, la de un Dios Padre fue la que originó la valentía de jesús para jugarse del todo por la causa del hombre.

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