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Homilías Dominicales – Domingo 8 de Julio de 2012 – 14 durante el año litúrgico (ciclo”B”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema(Mc. 6,1-6)

En una oportunidad Jesús se dirigió a su ciudad acompañado por sus discípulos. El sábado fue a la sinagoga y se puso a enseñar.  La gente lo escuchaba asombrada y entre ellos se preguntaban ¿de dónde saca todo esto? ¿qué clase de conocimientos ha recibido que hace tantos milagros con sus manos? No es acaso el carpintero hijo de María y hermano de José, Santiago, Judas y Simón? ¿No viven aquí entre nosotros sus hermanas? Y esto era para ellos una grave dificultad. Jesús entonces les decía: a un profeta lo desprecian solamente en su patria, entre sus parientes y en su propia casa. Y no pudo realizar allí ningún milagro reduciéndose a curar unos pocos enfermos imponiéndoles las manos. Y se asombraba de su incredulidad. Después continuó enseñando por las ciudades.

 

Síntesis de la homilía

Este episodio relatado por los tres sinópticos con distintas características, tiene sólo en Marcos una particularidad que no hay que pasar por alto. Es el único que dice que Jesús NO PUDO hacer allí ningún milagro por la falta de fe de sus conciudadanos.

Su visita a Nazaret acompañado por los discípulos constituía todo un desafío: el comienzo de una realidad nueva, anunciado por un profeta admirado, que contrariaba sus costumbres, sus tradiciones, su seguridad. La tradición establecía una cadena de oficios en la familia. De José carpintero no podía descender sino un hijo carpintero y nada más! De modo que las preguntas, seguramente inspiradas por los fariseos y doctores, tienentoda la malicia de la afirmación que un tiempo después brotará agresivamente: ¡está endemoniado!

No puede haber otro diagnóstico para quien pasa por encima de todo lo que se consideraba tradicional, normal y fuente de seguridad para los nazarenos. La falta de fe a que se refiere el evangelista no tiene nada que ver con que no descubran en Jesús al hijo o enviado de Dios, sino en que no quitan los obstáculos personales que les hagan admitir una mirada distinta de interpretación de la ley, que superando la letra revela su espíritu, y así presenta un orden nuevo, aunque preparado por la tradición, consistente en vivir y actuar de acuerdo a la voluntad del Padre. Esa actitud se convierte en obstáculo insalvable para que puedan producirse las maravillas o milagros de que tenían noticia en Nazaret.

Hay dos elementos para que se cumplan las maravillas queridas por el Dios AMOR, CREADOR Y LIBERADOR.  La disponibilidad de los actores directos que somos nosotros. No con actitud intelectual o sentimental muchas veces brotada de la agudeza de la necesidad que padecemos, sino con el análisis de los obstáculos y el esfuerzo de superación. Y la vigilancia siempre amorosa del Padre que conoce lo que necesitamos antes de que se las expresemos. Parientes y compañeros de Jesús desde la niñez, no logran superar esos obstáculos y frenan la llegada de los beneficios esperados.

En la sinceridad de Marcos que describe en una palabra “NO PUDO”, esta limitación humana de Jesús, encontramos la explicación de muchos bienes que no llegan a nosotros porque no hemos puesto las condiciones necesarias o personal o socialmente para que el amor del Padre se manifestara Y, además, comprobamos  con esa afirmación, la humanidad de Jesús compartiendo la nuestra en todo.

El maestro rodeado de sus discípulos, con todas sus limitaciones, es la propuesta de un orden nuevo, el del reinado de Dios, que irrumpe en el desgaste y limitación de la Ley vivida por los judíos de Nazaret.

Con el proyecto del amor de Dios.

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