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Homilias Dominicales. Domingo 28 de julio de 2013 – 17 durante el año litúrgico (ciclo “C”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Lc. 11,1-13)

Jesús estaba orando y, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar así como Juan enseñó a sus discípulos. El les dijo: Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu Nombre. Que venga tu reino. Danos cada día nuestro pan. Perdona nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a los que nos ofrenden y no nos dejes caer en la tentación.

Y agregó: Supongamos que alguno de ustedes va a buscar a medianoche a un amigo para decirle:  “Amigo préstame tres panes porque uno de mis amigos llegó de viaje y no tengo nada que ofrecerle” y, desde adentro él le responde: “No me molestes ahora. Ya la puerta está cerrada y mis hijos y yo estamos acostados. No puedo levantarme para dártelos” Yo les aseguro que aunque no se levante para dárselos por ser su amigo, se levantará al menos a causa de su insistencia y le dará todo lo necesario. Por eso les aseguro pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá. ¿Hay entre ustedes alguien que pueda dar a su hijo una piedra cuando le pide un pan? ¿o si le pide un pescado le dará una serpiente? ¿o si le pide un huevo le dará un escorpión? Si uds. que son nmalos saben dar cosas buenas a sus hijos, ¿cuánto más el Padre del Cielo enviará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan?

 

Síntesis de la homilía

La actitud orante de Jesús llama la atención a los discípulos. Habían visto orar a los funcionarios del templo, a los discípulos de Juan el bautista entre los cuales algunos de ellos se contaron, pero les parecía que la oración de Jesús era distinta.  Habrían notado una concentración especial?  O será que, acostumbrados a ver posturas rituales  de oración,

a Jesús lo veían como un hombre común, pensando y reflexionando en soledad?

De todos modos, pensando seguramente en la eficacia de esa oración como petición, deciden pedir que les enseñe a orar “a su modo”.

La respuesta no es una fórmula para repetir, son las características de la oración cristiana. Dos deseos expresados en primer lugar, referidos al querer de Dios y a la novedad de su reino. Las dos expresiones tienen que marcar el sentido de la conversación, el diálogo interior con el Padre . La tercera frase es la única petición en sentido de satisfacer una necesidad: danos nuestro pan cotidiano. No es sólo pedir disponer del alimento necesario para vivir cada uno, sino el sentirse comprometido a que no haya hambre causado por la maldad del egoísmo acaparador y por el deterioro de los elementos naturales puestos a disposición de todos. Precisamente por eso se evoca el perdón. El perdón del Padre que rechaza los egoísmos marginantes y nuestro propio perdón para construir una realidad solidaria y fraternal. Y una síntesis final de ese pensamiento del egoísmo que produce la falta de bienes esenciales expresada en el propósito de no dejarse llevar como hijos por la tentación que lastima la fraternidad del reino.

Acto seguido la comparación con el amigo importuno que busca ayuda, para confirmar que la repetición de esos deseos autenticados con la reflexión ante el Padre, del que procede todo bien, como una práctica de la que no hay que desistir, como alimento de nuestro propio compromiso y como esperanza activa de la realización del reino que nos abre las puertas de la felicidad profunda y definitiva.

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