Homilias DominicalesJosé Guillermo Mariani

Homilias Dominicales. 17 de marzo domingo 5to de Cuaresma 2013. Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema: (Jn. 8 1-11)

Desde el monte de los Olivos, jesús salió camino del templo, al amanecer. El pueblo se le iba acercando, y él se detuvo para hablarles. Los escribas y fariseos le trajeron entonces a una mujer que había sido sorprendida en adulterio. La pusieron en medio de todos y dijeron a Jesús: Maestro, hemos sorprendido a esta mujer en flagrante adulterio. Moisés en la Ley nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Decían esto para tenderle una trampa a fin de poder acusarlo.

Pero Jesús inclinándose comenzó a escribir en el suelo con el dedo. Como insistían, se enderezó y les dijo:  Aquel entre ustedes que no tenga pecado, sea el primero en arrojar la piedra contra ella.

E inclinándose nuevamente, volvió a escribir en el suelo. Al oír estas palabras todos se fueron retirando uno tras otro, comenzando por los más ancianos y Jesús quedó solo con la mujer que permanecía allí. Entonces, incorporándose le preguntó: Mujer ¿dónde están tus acusadores? ¿Alguien te ha condenado? Ella respondió: Nadie, Señor. Yo tampoco te condeno le dijo Jesús. Vete y no peques más en adelante.

Síntesis de la homilía

Por el tema, el texto no parece pertenecer a Juan sino a Lucas( 21,37-38) con abundantes recursos al libro de Daniel, que contiene un relato muy parecido a éste, referido a una joven llamada Susana. En esa historia, los ancianos son los que condenan, los que  aluden a la misma ley de Moisés a quien, y los que, mintiendo, dicen haber visto con sus propios ojos, entre los árboles,   cometer el mismo pecado.

El adulterio tiene en Israel una vinculación muy fuerte con lo sagrado. Porque como tal, es calificada la conducta del pueblo que se entregó tantas veces a la adoración de los ídolos abandonando a su esposo legítimo, Yahvé. Entra por eso, en las abominaciones que merecen la muerte  a pedradas de acuerdo al Deuteronomio.

La astucia de los fariseos y escribas planea una estrategia que parece perfecta. Una adúltera llevada ante Jesús cunado lo rodea, en su camino al templo, la gente sencilla que quiere nutrirse de su mensaje. El pecado es realmente grave en el consenso de todos. Jesús permanece sereno y se entretiene haciendo líneas en el suelo, dándose y dando a los acusadores y el resto de la gente, tiempo para reflexionar, antes de una sentencia mortal.  Algunos opinan que lo que Jesús escribía eran distintos pecados cometidos por los escribas y fariseos, que por eso comenzaron prudentemente a retirarse. No es probable está interpretación. Bastaba con estar un poco enterado de la realidad de la vida de los dueños del Templo y la ley, para saber de sus hipocresías.

Después de ese tiempo de reflexión, Jesús pronuncia su sentencia. El que esté sin pecado arroje la primera piedra. Esta identificación del que se atreviera a comparecer ante la gente como absolutamente limpio, atemorizó a todos. Y los de más experiencia, los ancianos, comenzaron a retirarse.

Hasta este momento, la perspicacia de Jesús para responder a la trampa de los fariseos y escribas ha sido muy acertada.

Pero es sólo una preparación para lo más importante.¡Va a perdonar a la adúltera, sin señalarle otra cosa que trate de no repetir esa acción!  Se juega aquí el punto central de la buena noticia de Jesús. “Dios es padre” y qué padre o madre (no enceguecido por alguna clase de fanatismo) no perdonará a su hijo o hija antes de permitir que le quiten la vida?

Esta especie de “liviandad,” de que puede ser acusado Jesús al perdonar al adulterio, no es tal si se considera no un pecado de soberbia espiritual y profunda, sino un pecado de debilidad frente a una sexualidad no madurada en el sentido de regalo orientado a la felicidad no egoísta y humillante, sino a la felicidad compartida, que por eso es también fidelidad.

No por motivos bíblicos ni religiosos, sino simplemente por un sentido de discriminación sexista, entre nosotros como entre los judíos la mujer ha sido perjudicada  por un agravamiento social del uso de la sexualidad fuera del matrimonio, fácilmente excusable y justificada cuando es el varón quien lo protagoniza. Y esa transgresión ha pasado a considerarse el pecado más grande no por la infidelidad sino por el uso sexual mismo. Lo cual dio origen a que en la enumeración re-elaborada de los mandamiento de Moisés, la autoridad de la iglesia no lo mencionara solamente en el noveno sino también en el sexto para abarcar todas las otras experiencias del placer sexual.

La extraña conducta de Jesús frente a los pecadores marca lo ilimitado del amor de ese Padre presentado por Jesús que así debiera estar siempre presente en nuestras vidas y en nuestras relaciones humanas.

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