Homilias DominicalesJosé Guillermo Mariani

Homilías Dominicales – Domingo 1ro. de diciembre de 2013 – 1ro. de adviento (ciclo”A”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (mt.24,7-44)

Lo que pasó en tiempos de Noé pasará con la venida de este hombre, decía Jesús. Lo mismo que en los días que precedieron al diluvio, la gente comía, bebía y se casaba hasta el día en que Noé entró en el Arca, y estando desprevenidos llegó el  diluvio y se los llevó a todos, así sucederá también con la venida de este hombre. Entonces de dos que estarán en el campo uno será llevado y a otro lo dejarán, dos mujeres estarán moliendo y una será arrebatada y la otra dejada.

Por tanto estén vigilantes porque no saben el día en que vendrá el Señor. Si el dueño de casa supiera la hora de la noche en que va a venir el ladrón se quedaría en vela y no lo dejaría entrar a su casa. Uds. estén preparados también porque cuando menos lo piensen llegará este hijo de Hombre .

 

Síntesis de la homilía

Consecuentes con la idea de que la muerte de Jesús no podía ser su final, los primeros cristianos eufonizados por la confianza de los primeros testigos, estaban seguros de que Jesús volvería triunfando sobre sus enemigos, para establecer a sus amigos y discípulos en el reino definitivo, esperado y anunciado tantas veces por los profetas de Israel. Y, para ellos, esa vuelta iba a ser pronto.  “antes de una generación”, como lo habría anunciado el mismo Jesús.  Pero  el retorno, así como ellos se lo habían imaginado y los hubieran querido, no se produjo. Los evangelios sinópticos presentan esta situación en los llamados discursos apocalípticos que han sido tomados muchas veces como si se tratara de anuncios concretos y detallistas de un final concebido desde muy diversas perspectivas. Sólo pueden asumirse como real contenido de estos discursos, algunas normas de vida que los relatores evangélicos quieren trasmitir a sus comunidades. Y en Mateo, la norma central es la vigilancia. Lo que actualizó el Papa Juan XXIII inclinando a los cristianos a  descubrir y diagnosticar los “signos de los tiempos”. Muy distinto de lo que hasta no hace mucho,  fue la interpretación común  de estos pasajes con un sentido entre aterrorizante y evasivo.

Aterrorizante porque creaba una conciencia, con un ligero análisis de la situación que se vivía (que siempre fue terminal e irremediable para algunos) de que ya se estaba en los umbrales del final terrorífico. Y, a la vez, evasivo porque con muy poco razonamiento y experiencia se pensaba que si eso fuera a suceder sería después de mucho tiempo. Tanto que muy probablemente ninguno de los actuales personajes  viviría bastante como para padecerlo. Y en otras oportunidades, la venida del hijo de Hombre como se llama a sí mismo Jesús, se confunde con el momento de la muerte de cada uno, absolutamente incierto  en sus particularices de tiempo y modo.

La simplicidad del objetivo evangélico que es: inyectar el valor de la fraternidad como realidad fundamental del reinado de Dios, esquiva esas dos actitudes. La vigilancia es estado permanente  de atención y esperanza.  Atención para descubrir en lo que pasa a nuestro alrededor, la posibilidad de usar nuestras capacidades para producir  felicidad y paz. Atención para comprender, compadecer y ser solidario con el que necesita de nosotros en cualquier sentido y nivel de carencia. Y esperanza de que, procediendo así, el reino se acerca no en proceso de destrucción y venganza sino en clima de igualización fraternal que, concretando el querer del creador de todo, (para nosotros el Dios del Amor de Jesús de Nazaret), nos conduce a la feliz aunque misteriosa realización final.

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