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Homilías Dominicales. Domingo 28 de septiembre de 2014 – 26 durante el año litúrgico (Ciclo “A”). Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Mat.21,28-32)

Dijo Jesús a los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo ¿qué les parece? Un hombre tenía dos hijos y dirigiéndose al primero le dijo: hijo quiero que hoy vayas a trabajar a mi estancia. El contestó “No quiero”   Pero después se arrepintió y fue. Dirigiéndose al segundo le dijo lo mismo y éste le respondió: Voy, Señor. Pero no fue. Díganme ¿Cuál de los dos cumplió la voluntad de su padre? Le contestaron: el primero. Jesús les dijo: les aseguro que los publicanos y las mujeres de mala vida llegarán antes que ustedes al reino de dios. En efecto, Juan vino a ustedes por el camino de la justicia y ustedes no le crearon. N cambio los publicanos y las mujeres de mala vida, creyeron en él. Pero ustedes ni siquiera al ver ese ejemplo, se han arrepentido y creído en él.

Síntesis de la homilía

Es evidente el enfrentamiento de Jesús con los dignatarios de Israel. “la creme” diríamos ahora, Haciendo gala de ingenio logra que ellos mismos dicten su propia. Condena. Los que dicen y no hacen a los que Jesús se refería cuando recomendaba escuchar y obedecer lo que enseñaban los fariseos, pero no imitarlos, están aludidos en la parábola. Y estamos aludidos tantos que en este mundo, plagado de ficciones y engaños, nos atrevemos a proponer ideales que después, no por debilidad sino por falta de voluntad, con plena conciencia, no cumplimos. Y la experiencia nos dice que quienes obran así, como en el fondo tienen vergüenza de sí mismos, suelen denunciar frenéticamente los vicios ajenos, de manera que los que los escuchen los veneren y admiren, juzgándolos absolutamente inmunes de los males que denuncian. Me ha tocado, desde los primeros años de mi seminario, encontrarme con gente aparentemente dotada de una piedad delicadísima e intensa, que usaban para ocultar vicios graves y abusivos, que no tardaron demasiado en descubrirse. Y otros que, con severidad inclaudicable, condenaban defectos ajenos en que ellos mismos estaban profundamente inmersos. La advertencia de Jesús a los sumos sacerdotes y ancianos de que publicanos y   mujeres de mala vida están más cerca que ellos del reino de Dios, es cruda pero real. Porque la hipocresía es lo único que cierra verdaderamente el espíritu como una coraza impenetrable de la que depende todo el sentido de la vida. Este atrevimiento de Jesús para con las autoridades más venerables de Israel no es una exageración de momento o unas palabras de las que vaya a retroceder. Es que realmente, cobradores de impuesto y mujeres de mala vida eran y son a veces en la actualidad gente desplazada en la sociedad por los poderosos. A ellos no les queda con frecuencia otro modo de mantenimiento personal y familiar que vender su honestidad y su cuerpo. Y por ese motivo, lo que restituya su dignidad elemental como integrantes de la sociedad, los redime fácilmente de aquellos excesos. Tenemos mucho aprecio de la humildad aunque a veces la confundimos con sus apariencias. Una frase que se atribuye a Santa Teresa de Jesús es que “la verdadera humildad es la verdad”. Fácilmente esa virtud que implica saberse y sentirse “tierra” (humus) o ponerse al ínfimo nivel de la tierra, no excluye nuestra dignidad personal ni deja de lado nuestras posibilidades de rendimientos individual y comunitario. Consiste,sí, en saberse y mostrarse igual a todos, pese a las diferencias hacia arriba o hacia abajo. (de tierra somos…·) Más clara es, en ese sentido, la virtud de la sinceridad, que no oculta ni la propia verdad en sus aspectos favorables o deficientes, ni la de la realidad con la intensidad de compromiso que ella requiere para su mejoramiento. Y ésta no suele ser señalada como importante porque implica a veces rechazo o menosprecio.

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