José Guillermo Mariani

Homilías Dominicales. Domingo 3 de septiembre de 2017.- 22 durante el año. Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Mt. 16,21-27)

Jesús comenzó a decir a sus discípulos que debía ir a Jerusalén y sufrir muchas pruebas por parte de los ancianos y los sumos sacerdotes, que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer día  Pedro lo llamó aparte y comenzó a reprenderlo diciendo “Dios no lo permita Señor, Eso no sucederá. Pero él dándose vuelta dijo a Pedro: Apártate de mí Satanás. Tú eres para mñi un obstáculo porque tus pensamientos no son de Dios sino de los hombres. Y Jesús dijo a los discípulos: elque quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, que cargue su cruz y me sigha, porque el que quiera salvar su vida la perderá y el que ìerda su bvida por mí la encontrará. ¿De qéle servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? Y ¿qué podrá dar el hombre a cambio de su vida?  Porque el hijo del hobre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles y entonces pagará a cada uno según sus obras.

 

Síntesis de la homilía

No podía Jesús introducir en la mente de esos discípulos que lo habían seguido desde su pobreza y abandono social, como Maestro que les devolvía su dignidad humana y los protegía integrándolo a la sociedad, la plenitud de su conocimiento sobre la misión que el sentía encomendada por el Padre Dios. El sufrimiento no podía aparecer demasiado en el programa del futuro porque era como una convocatoria con fracaso anticipado. Cuando, como en este caso, se arriesga a hacerlo obtiene una reacción inmediata. Pedro es quien representa a todos, opinando que eso no puede suceder de ninguna , manera. Por eso Jesús extiende su respuesta a todo el grupo aclarándoles que no pueden interponerse entre él y la voluntad de Padre. Y que si alguien se interesa de tal modo por su propia vida, que margina o desecha las de los demás ,no es digno de èl, se deja llevar por un interés absolutamente humano.  Al mismo tiempo exalta la vida como el mayor valor de la vida humana y descubre que el secreto para salvarla está en entregarla, dándole el sentido del pan que se comparte para bien de todos.

Defender  la vida es además del instinto más fuerte de la naturaleza viva, la más asimilada al sentido de felicidad que puede experimentar el ser humano. Jesús no desconoce esta valoración, pero no es ingenuo al juzgar su entorno y descubrir constantes acechanzas por parte de todos los que se molestan porque predica un reino distinto del de la La Ley y del Imperio y por eso, la persecución solapada y expresa es absolutamente previsible. Judas Iscariote no ha tenido presente esta advertencia y por eso se ha dejado seducir por la oferta de  los  sumos sacerdotes de venderles la persona del Maestro, salvándose así de lo que se preparaba para él desde la autoridad judía y romana. Se trata de una advertencia que no estamos acostumbrados a tener en cuenta:  “propiciar la generosidad para con todos, buscar realmente una inclusión social dignificante para todos, acarrea necesariamente persecución y por eso se recurre a negociaciones que, con demasiado frecuencia dejan en el camino los propósitos de fidelidad a la búsqueda de los derechos de todos.    Desde luego que el anuncio de muerte y resurrección al tercer día, que Mateo pone en labios de Jesús, es una añadidura después de los hechos, que no debe atribuirse a deshonestidad histórica, sino a que después de ocurridos los hechos anunciados en general, el vivirlos detalladamente trae casi sismpre una actualización aclaratoria.

 

 

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