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Homilías Dominicales. Domingo 16 de junio de 2013 – 11 del año litúrgico. Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema (Lc. 7, 36 a 8,3)

Un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Entró en la casa y se sentó a la mesa. Entonces una mujer que vivía en la ciudad, al enterarse de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, fue a verlo llevando un frasco de perfume. Y colocándose detrás de él se puso a llorar y bañarlo con sus lágrimas. Después lo secó con sus cabellos, lo cubrió de besos y lo ungió con el perfume. Al ver esto el fariseo que lo había invitado pensó: Si este hombre fuera profeta sabría quién es la mujer que lo toca y lo que ella es : una pecadora! Pero Jesús le dijo: Simón, tengo algo que decirte.  Dí maestro, contestó él.

Un acreedor tenía dos deudores. Uno le debía quinientas monedas de plata y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, perdonó a ambos la deuda. ¿Cuál de los dos le amará más? Pienso que aquel a quien perdonó más, contestó rápidamente Simón.

Jesús le dijo: Juzgaste bien. Y volviéndose a la mujer le dijo ¿Ves a esta mujer? Entré  en tu casa y tú no derramaste agua sobre mis pies, en cambio, ella los baño son sus lágrimas y los secó con sus cabellos. Tú no me besaste y ella desde que entró no dejó de besar mis pies. Tu no ungiste mi cabeza y ella derramó perfume. Por eso te digo que ella ha demostrado mucho amor, porque sus pecados, sus numerosos pecados le han sido perdonados. Aquel a quien se le perdona poco demuestra  poco amor.

Después dijo a la mujer: Tus pecados están perdonados. Los invitados pensaban, quién es éste que hasta perdona los pecados? Pero jesús dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, véte en paz.

Jesús recorría las ciudades y pueblos, predicando y anunciando la buena noticia del reino de Dios Lo acompañaban los doce y también algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus. María, llamada Magdalena, de la cual habían salido siete demonios, Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y muchas otras que los ayudaban con sus bienes.

 

Síntesis de la homilía

Con detalles bastante diferentes todos los evangelios narran un episodio parecido. Las circunstancias originales de Lucas son: la identificación del fariseo, la omisión del nombre de la mujer y de la discusión sobre el precio del perfume, la compañía de las mujeres en su peregrinaje de instauración del reino, y la de que el hecho sucede alrededor de una mesa de comida que es un lugar muy frecuente en este evangelista para presentar a Jesús con sus enseñanzas. Aquí también el nudo del mensaje es una parábola. Que por encima de todos los pequeños detalles, cada uno con su importancia particular, resalta un cambio en la relación Dios-hombre, que en el judaísmo se presenta como relación entre el poderoso y el pecador y exige por eso reparación y castigo y para Jesús se convierte en una relación profundamente humana en que el amor con todas las expresiones de lo humano (lágrimas, cabellos, besos, perfume) supera todas las exclusiones y condenas con sencillez maravillosa, al margen de todas las tradiciones rituales acostumbradas por los funcionarios del templo.

Al llamar Padre, a aquel por quien Jesús se considera enviado para establecer entre los hombres un “reinado distinto”, Jesús presenta un proyecto de relaciones humanas absolutamente distinto de la realidad de la Ley, a lo que se referirá señalando que sus funcionarios imponen cargas insoportables de soportar.

Por eso mismo, Jesús formará un ejército, no de espías para descubrir los errores y delitos sino para investigar con el más profundo sentido de comprensión del otro, cuáles son los caminos para aliviar las cargas y remediar los sufrimientos. Este es el sentido de enviar a sus discípulos, como el Padre lo ha enviado a él, para perdonar los pecados con el espíritu liberador del Dios amor. Para salvar y no para condenar.

Al final de este pasaje es llamativo el cuidado de enumerar nombrándolas y refiriendo su “currículum”, a las mujeres que acompañaban a Jesús. No parecen demasiado ejemplares: La magdalena con su historia de siete demonios, la mujer de un intendente de Herodes y un grupo más de señoras adineradas. Es como si Lucas quisiera dejar la sensación de que, desde cualquier estado de pobreza exterior o interior es posible encontrar un sentido de la vida sirviendo a los demás. Desde luego que los invitados a la mesa de Simón, además de no entender cómo Jesús perdonaba, tampoco estarían conformes con esos subsidios a la pobreza del grupo de los Doce.

Para el día del padre

Como la revelación que nos hace Jesús de lo que constituye la voluntad del Padre no está  dada en hechos maravillosos sino en su humanidad transitando con nosotros, es bueno detenernos hoy unos instantes en las características de esa relación humana en la que Jesús (aunque limitado por el clima patriarcal en que se desenvolvió su vida) quiso mostrarnos la ternura paternomaternal como el principal elemento de la relación con su Dios. El padre de familia con toda la generosidad que supone la responsabilidad de una vida engendrada en el amor de pareja es imagen de Padre Dios dispuesto siempre a la comprensión y al perdón que constituyen para los hijos motivo y fundamento de seguridad y madurez personal-

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