Homilias DominicalesJosé Guillermo Mariani

Homilías Dominicales. Domingo 1ro. de febrero de 2015 – 4to.durante el año litúrgico. Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema: Marcos 1,21-28

El sábado en Cafarnaún fue Jesús a la Sinagoga y se puso a enseñar. Y la gente se admiraba de su modo de hacerlo porque enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas había en la sinagoga un hombre al que dominaba un mal espìritu que comenzó a gritar : “¿qué quieres de nosotros Jesús nazareno? ¿has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el santo de Dios. Pero Jesús le ordenó “cállate y deja a ese hombre” El hombre tuvo una convulsión y dio como un alarido, para luego apaciguarse. Todos quedaron asombrados y se preguntaban ¿qué es esto? Enseña de una manera nueva llena de autoridad y libera del mal espìritu que parece estarle sujeto. Y su fama comenzó a extenderse por toda la región de Galilea.

 

Síntesis de la homilía

Cafarnaún era una ciudad cosmopolita, que servía de puesto de aprovisionamiento y descanso para las caravanas de mercaderes con diversos destinos. Había entonces una mezcla de ideologías y la Sinagoga estaba naturalmente abierta los sábados para quienes querían conocer o participar de la enseñanza rabínica. Como lo acostumbrara, jesús de paso fue a la Sinagoga y se puso a enseñar. Llamó la atención que enseñara con autoridad. Nos preguntamos ¿por qué llama la atención si cualquier maestro y sobre todo en ciencias sagradas enseña con autoridad y sentido de superioridad sobre sus alumnos?

Marcos no da la clave. Los escribas enseñaban una ley que conocía detalladamente pero no se preocupaban de vivirla sino en apariencias y mucho menos de descubrir el espíritu que la inspiraba. Pretendía con gestos, vestiduras solemnes y discursos elaborados, afirmar su superioridad sobre los que los escuchaban Además, como faltaba el testimonio de amor a la Ley que se trasmite a la vida, no se atrevían a ciertas afirmaciones que podían provocar acusaciones o herir susceptibilidades. Jesús no usaba ningún tapujo- “al pan pan y al vino, vino” y podía mostrar todos los actos de su vida. ¡Esa era su autoridad! Había entrado alguien con mala intención: desorganizar la reunión religiosa. Marcos lo califica de endemoniado, La mentalidad judía tenía ese recurso mítico para solucionar el problema de la existencia del mal y la maldad. La enseñanza sencilla, clara y contundente de Jesús se contrapone a la de los escribas. Las exclamaciones de aquel hombre ponen de manifiesto el temor y astucia de los escribas que necesitan defender su prestigio y su poder. Jesús, con serenidad le ordena callarse La convulsión es signo de su anormalidad psiquica y el alarido, de su indignación por sentirse descubierto en su complicidad y enfermedad.

El hecho no puede dejar de llamar la atención a los circunstantes que comentando favorablemente el estilo y calidad de la enseñanza de Jesús han sido la causa de esa intervención desagradable. El final del relato de Marcos hace depender de este acontecimiento el crecimiento de la fama del Maestro, dada la importancia de la ciudad de Cafarnaun.

Hay muchos motivos en nuestra historia cotidiana para lamentarnos de la pérdida de valores que constatamos en una cantidad de actitudes y deficiencias en la vida de relaciones sociales.  Sociólogos y psicólogos atribuyen esta deficiencia, entre otras causas, a la falta de “modelos”, de vida y acción, que signifiquen públicamente un testimonio de lucha, compromiso y optimismo en la búsqueda de una realidad mejor.

Al contrario, pareciera regir en los medios de comunicación una obsesión por mostrar lo desequilibrado, lo espectacular, hasta lo delictivo, como lo cotidiano y normal Y los grandes espectáculos y la figuras de la farándula y el elenco de personajes públicos tienen que recurrir a ocultar su vida privada o invitar a otros a que sean tolerantes y permisivos. La intervención de aquel hombre en la Sinagoga es también una imagen de lo que son actualmente las intervenciones insultantes en contra de quienes se atreven a encarar proyectos realmente saludables para el bien común.

Poseídos por la astucia de la maldad y la destrucción. “El espìritu del mal”.

 

 

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