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Homilías Dominicales. Domingo 11 de agosto de 2013 – 19 del año litúrgico (ciclo “C”) Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema: (Lc.12, 35-40)

Estén siempre preparados, ceñidos y con las lámparas encendidas. Sean como los hombres que esperan el regreso de su señor que fue a una  boda, para abrirle apenas llame   Felices los servidores a quienes el señor encuentra velando a su llegada! Les aseguro que él mismo recogerá su túnica, los hará sentara la mesa y se pondrá a servirlos. Felices ellos si el señor llega a medianoche o antes del alba y encuentra las cosas así! Entiéndanlo bien, si el dueño de casa supiera a qué hora va a llegar el ladrón, no dejaría perforar las paredes de su casa. Uds. también estén preparados porque el hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada.

Síntesis de la homilía

El sentido de esta parábola aparece muy ligado al clima escatológico que vivieron las primeras comunidades cristianas desde el convencimiento de que el señor Jesús iba a volver revestido de poder y gloria,  victorioso sobre sus enemigos y  convocante de los que lo habían acompañado y trabajado por su reino.

La esperanza de un retorno inmediato se fue alargando con una postergación que resultaba misteriosa y por eso seguía alimentándose. La vigilancia constituía entonces la actitud y conducta más importante en este espacio de tiempo. Todas las cosas perdían importancia ante la  posibilidad de la vuelta del Señor.

Lucas, como Pablo su maestro, considera fundamental mover a su comunidad hacia esa actitud de desprendimiento que es capaz de dejar muchas preocupaciones para resaltar la única importante que es la de cuándo va a llegar el Señor.

Hoy, esa segunda venida a la que seguimos aludiendo de manera simbólica, no coincide ni con lo imaginado ni con lo descrito por Pablo, con sonar de trompetas con el Hijo del hombre transportado por carruajes de nubes y convocando a elegidos de todas partes.

La “segunda venida”, se está dando desde la partida de Jesús. Desde que sus seguidores se han comprometido con los valores del reinado de su Padre sobre la tierra y han continuado la marcha  liberadora iniciada por Jesús. La intervención divina en la marcha de la creación y la humanidad se ha dado (para nosotros) en Jesús de Nazaret y su presencia histórica junto a nosotros. La entrega de su vida ha sido la culminación de su lucha y por eso, como lo es para el autor del 4to. evangelio,  discípulo de Juan, su exaltación definitiva ha sido la cruz, desde la que “lo atrajo todo hacia él”. Su presencia continúa en sus seguidores realmente comprometidos con la realización del reinado de Dios instaurado por su historia revolucionaria.

La venida en la hora menos pensada, no es una irrupción en el tiempo de la historia humana,  producida de un modo maravilloso digno del rey del universo. La hora menos pensada es la presencia inesperada, sorpresiva, conmocionante (muchas veces provocada) del pobre y el necesitado que lo hacen presente, de acuerdo al criterio del evangelio de Mateo (“tuve hambre…estuve preso…enfermo..”)

Hay que cambiar entonces de raíz, la interpretación de la segunda venida. En lugar de un temor ansioso de si estaremos o no para vivirla en un supuesto momento final, vivir la vigilancia de cada día para que no se nos pasen los momentos concretos del encuentro con Jesús en los hermanos y las circunstancias que nos rodean.

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