Homilias DominicalesJosé Guillermo Mariani

Homilías Dominicales. Domingo 18 de Marzo 2018 – 5to de Cuaresma. Por Guillermo “Quito” Mariani

Tema  Jn.12,20-33

En esos días entre los que habían subido para adorar había algunos griegos, ellos se acercaron a Felipe de Betsaida de Galilea y le dijeron: Señor, queremos ver a Jesús. Felipe fue a decirlo a André y ambos se lo dijeron a Jesús. Entonces él les dijo; ha llegado la hora en que el Hijo del hombre será glorificado. Les aseguro que si el grano que cae en la tierra no muere, queda solo pero si muere da mucho fruto. El que ama su vida la perderá pero el que desprecia esa vida según el mundo la conservará para la vida eterna. El que quiera servirme que me siga y así donde yo esté estará también mi servidor

Mi alma está turbada. Y qué diré? Padre líbrame de esta hora? Si para eso he llegado. ¡Padre glorifica tu Nombre! Entonces se oyó una voz del cielo “Ya lo he glorificado y lo volveré a glorificar,

La muchedumbre que estaba presente y oyó estas palabras pensaba que se trataba de un trueno. Otros decían un ángel le habló”  Y Jesus aclaró: Esta voz no se oyó por mí sino por ustedes. Ha llegado el príncipe de este mundo y el príncipe de este mundo será echado fuera y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí. Jesús decía esto para indicar cómo iba a morir.

 

Síntesis de la Homilía

Jesús descubre en la curiosidad de los griegos, distinguidos por lo adelantado de su civilización y pensamiento filosófico, la universalidad del reino del Padre, que se está manifestando, pero advierte al mismo tiempo, que su entorno inmediato, el de los judíos que lo rechazan toma los caminos de su desaparición y la muerte. A  eso se debe la frase de ser elevado que es más bien del diccionario del evangelista, porque lo que Jesús podía prever es que la persecución de los judíos terminara con una sentencia de muerte a pedradas como algunos profetas. Pero los escritores, después del hecho, de la crucifixión interpretaron esa circunstancia de “elevación” como una especie de entronización. Y, a pesar de la dificultad interior que tiene para aceptar que se cumpla en él lo que es la voluntad del Padre, no puede menos de sentirse turbado, aunque recurre a toda su fuerza para no poner obstáculos a lo que para él es el paso para la glorificación porque es nuevamente la plenitud de la identificación con el amor universal del Padre. Los detalles llamativos que presenta la narración haciendo a parecer una voz que se supone voz divina son simplemente signos recurridos en el momento para dar realismo al sentido general del trozo.

Hay que detenerse también  en la frase con que Juan parece situar a Jesús en actitud de menosprecio de la vida humana  diciendo que quien la ama, la perderá, lo cual significa tranquilizarse por no utilizar en toda su potencia la vida humana que, como Jesús hemos recibido y tenemos responsabilidad de cuidar conservar y fructificar felicidad y salvación ¿por qué esto que parece inadmisible? El sentido completo depende de la continuidad de la frase; cuando la propia vida se convierte en el único objetivo para cuidar y fructificar, los egoísmos edifican el reino del egoísmo destructor que en cambio se cambia por la comunión realizadora y liberadora cuando se irradia entregándose a los demás.   También es oportuno que, acompañando a Jesús en este proceso de turbación, de valentía y de resultado final de identificación con el Padre, nosotros miremos lo que en nuestras vidas puede todavía dar vida desde la entrega a los que tenemos conciencia que lo necesitan (no tanto en las cosas materiales que eso es primario y fundamental, sino en el sentido de entrega al Dios creador y liberador dando sentido particularmente profundo a la consumación por la muerte.

 

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